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No es lo que se dice

Ciclópeo y megalítico responden a épocas distintas

 

Con el nombre de ciclópeo se suele identificar cualquier construcción prehistórica hecha con piedras de gran tamaño (megalitomonolitos) colocadas en seco —sin mezcla aglutinante alguna—, para cuyo acarreo y manipulación se ha requerido la fuerza de muchas personas y la técnica adecuada. Hasta aquí, ninguna diferencia con megalítico; de hecho ambos términos, ciclópeo y megalítico, se emplean a veces para evocar o designar la misma realidad, aunque sea de forma equívoca.

Son, sin embargo, conceptos que corresponden a épocas y culturas distintas, si bien la transición de los periodos que las abarcan fue paulatina y, por tanto, en muchos casos coincidente. Lo megalítico, que comenzó en el Neolítico medio (3500-2500 a. e.), precede a lo ciclópeo y alude como él a la utilización de grandes bloques (2) pétreos aislados tal y como se encuentran en el medio natural u obtenidos por extracción en bruto de alguna cantera (megalitos). Con ellos se erigieron, utilizando la técnica del enclavamiento [ver primera imagen], los iniciales menhires y los dólmenes. Es la época de los rudos ortostatos, grandes losas y bloques poliédricos con los que nuestros antecesores prehistóricos conformaron las paredes, las cubierta(1) y algún pilar de aquellas cámaras dolménicas que en muchos casos terminarían siendo túmulo(1). La posterior cultura ciclópea continuó honrando igualmente a la divinidad y a sus muertos con los mismos monumentos que había utilizado la cultura megalítica, pero en los materiales empleados se aprecia ya un rudimentario escuadramiento, que alterna con el uso del mampuesto.

Los monumentos megalíticos se hallan diseminados por buena parte de Europa occidental, pero los focos más importantes se encuentran en Bretaña (Francia), sur de Inglaterra, Irlanda y en la península ibérica.

La cultura ciclópea, más avanzada que la megalítica, como ya hemos visto, se da sobre todo en la Edad del Bronce (2250-700 a. e.), y se diferencia arquitectónicamente de aquella en la aplicación de la labra a los grandes bloques líticos y su colocación en aparejo (monolitos). Por tratarse aún de piedras de mucho peso, no necesitan argamasa que dote de consistencia al muro, y los toscos sillares, groseramente escuadrados, se superponen a hueso, con absoluta garantía de solidez y firmeza.

No obstante, como sucede siempre con todas las culturas y manifestaciones artísticas, ambas formas de manejar la piedra convivieron durante un tiempo —en este caso varios siglos— hasta que la cultura ciclópea se impuso definitivamente sobre la megalítica, que acabó desapareciendo.

Las construcciones ciclópeas se dieron originariamente en el Egeo (cultura pelásgica o micénica), de donde se extendieron a otras islas del Mediterráneo (talayotes, navetas, nuragas), pasando también a Egipto y al sur de Iberia. También hay importantes muestras ciclópeas en la Polinesia y en las Américas de ambos hemisferios.

 

NOES ciclópeo

construcción megalítica: arrastre,
enclavamiento y aterramiento

‘Cueva’ de Daina. Romañá de la Selva, Gerona.
4000-3000 a. e.

Monumento funerario precolombino
(chullpa). Yacimiento arqueológico
de Cutimbo. Puno (Perú). 1100-1450.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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