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No es lo que se dice

Crucero y rollo no son coincidentes

 

Que el brazo secular y el brazo eclesiástico han ido de la mano durante siglos lo atestigua la historia fehacientemente. La aplicación de penas y castigos, esto es, el ejercicio más socorrido de la justicia, concernía por igual al poder civil-militar y al poder de la Iglesia. Ambos eran, y se llamaban, poderes, y como tal se conducían sin reservas porque su autoridad, indiscutiblemente, les venía de Dios. De ahí que muchas veces no se sabía muy bien de dónde procedía el veredicto de culpabilidad de un ajusticiado, pues la colaboración entre la jurisdicción terrenal y la delegada jurisdicción divina era tan estrecha que una vez más se consagraba como cierto el dicho castellano de “tanto monta, monta tanto”.

Por eso no debe extrañarnos que los cruceros (3) de nuestras viarias encrucijadas, la cruz de término de nuestras lindes municipales, todavía hoy se confundan en muchas mentes con las picotas y los rollo(1) de nuestras plazas. Crucero y rollo tenían ciertamente funciones distintas y hasta diferían (a veces no tanto) en su diseño, pero la sombra institucional que proyectaban no podía ser más parecida. Además, ambos postes enhiestos evocaban una condena: la del Justo por antonomasia y la del injusto de turno. El crucero representaba la muerte del primero y sus frutos redentores: tregua (descanso) y promesa para el peregrino; el rollo, en cambio, anunciaba disuasoriamente jurisdicción comunal para condenar al delincuente a la picota.

Pero ambos monumentos, repitámoslo, son, a pesar de su trasfondo, conceptual y formalmente distintos. Una primera diferencia visual la encontramos en la cruz que remata y da nombre y sentido al crucero. El rollo no siempre la lleva, suele ser de mayor tamaño y luce primorosas ornamentaciones, de las que la cruz de término generalmente carece.

En la erección de rollos y cruceros no podemos descartar la sana emulación de los pueblos, pero salta a la vista que el rollo concitaba mayores porfías, como comprobamos en nuestros recorridos por la Península, especialmente por los pueblos de ambas Castillas.

La belleza y esmerada labra de cruceros y rollos nos admira y sobrecoge con frecuencia, pero al contemplar boquiabiertos ciertos rollos jurisdiccionales nos hacemos siempre la misma pregunta: ¿cómo algo tan bello pudo ser al mismo tiempo heraldo de condenas y antesala del patíbulo?

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Las imágenes elegidas para ilustrar este artículo las encontrarás en cruz de término, en rollo y en picota.

 

 

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