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No es lo que se dice

El término “rupestre” denota algo más que pinturas y cuevas

 

La popularidad que han alcanzado las pinturas rupestreen el acervo cultural de las gentes ha llevado a muchos a pensar que lo rupestre queda circunscrito estrictamente al ámbito pictórico de las cuevas y los abrigos, esos espacios que durante siglos fueron la morada de nuestros antepasados prehistóricos. Pero ya entonces el arte rupestre —dicho esto con todas las reservas, pues presumiblemente sus artífices no pretendían hacer arte con aquello— trascendía esa idea, y nos proporcionó además otras expresiones culturales que nada tenían que ver con pinturas o con grutas, abrigos o cavernas. Porque lo rupestre —del latín rupes, “roca”— denota y abarca cualquier expresión artística que se haya manifestado en la piedra, sea dentro de una cueva o a la intemperie, bien en el soporte inmueble de una pared o de una peña, bien en el objeto mueble de una estela o una plaqueta. Así lo avalan específicamente los petroglifos, esas insculturas simbólicas y esquemáticas que plasman motivos geométricos curvilíneos, laberintos, espirales, cazoletas, marcas serpentiformes…, y también figuras humanas, de animales y armas, grabados en su mayoría sobre afloraciones graníticas en superficie, que los hacen tan rupestres como las pinturas de Altamira.

También llamamos rupestres con pleno derecho a las ermitas o templos roqueños, creados en la entraña de la montaña por extracción de material. E igualmente son rupestres las tumbas antropomorfas, de bañera, trapezoidales u ovaladas de la Edad del Bronce (2250-700 a. e.), y otras romanas, visigoday mozárabes, que hallamos diseminadas, solas o formando necrópolis —casi siempre a cielo abierto— en muchas regiones españolas. Estas muestras de la arquitectura rupestre hispana, lejos de ser anecdóticas, son solo un ejemplo de lo prolífica que es la industria de labrar, tallar y horadar la roca al aire libre en el panorama universal. En definitiva, un sector muy representativo del arte rupestre.

 

 

Abrigo Roca de los Moros. El Cogul (Lérida).
6000-1500 a. e.

Petroglifo de Laxe de Roas. Otero de Eiroa.
Louro (Muros, La Coruña). 1500 a. e.

Iglesia rupestre de Santos Justo y Pastor. Olleros
de Pisuerga (Palencia). Siglo VII.

Necrópolis de San Andrés. Hornillos (San Vicente
de la Sonsierra, La Rioja). Siglos X y XI.

Estela de Solana de Cabañas.
Logrosán (Cáceres). 1000-850 a. e.
(Museo Arqueológico Nacional.)

Iglesia rupestre. Enclave mozárabe de Bobastro.
Ardales (Málaga). Siglo IX.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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