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No es lo que se dice

Lucernario. El innecesario claristorio

 

Cuando el idioma castellano dispone de términos propios para expresar conceptos con precisión suficiente resulta inadecuado —y es muestra de ignorancia, acomplejamiento o equívoco lucimiento personal— acudir a préstamos foráneos. Esto ocurre con ‘claristorio’, calco innecesario del claristory inglés. Nuestro lexicón es prolífico en materia de iluminación de espacios y cuenta con voces tan exactas como ventanales (1), luminaria, lucernario, en ciertos casos claraboya, y en determinadas cúpulas, linterna. De ahí la inutilidad de ‘claristorio’.

En su propio ámbito, cabe decir otro tanto de donjon, término francés para referirnos a nuestra castellana torre del homenaje, y de cantilever, voz inglesa que nada añade a nuestro tradicional voladizo.

A veces, por indolencia o pereza mental, uno se resiste a indagar en el acervo idiomático propio el término adecuado con el que definir un concepto, y acude gregariamente al comodín claudicante que todo lo resuelve y simplifica, aun a costa del tributo del empobrecimiento. Acabamos de hablar de ‘claristorio’, ‘donjon’ y ‘cantilever’, pero ¿qué decir de ‘evento’, ‘implementar’, ‘puntual’, ‘nominar’, ‘hándicap’, ‘el día después’, ‘honesto’ (por honrado), ‘serio’ y ‘severo’ (por grave), ‘agresivo’ (por emprendedor), ‘estimar’ (por calcular), ‘chequear’ (por verificar), ‘reportar’/’reporte’ (por informar/informe), ‘mascota’ (por perro), ‘género’ calificando a violencia, ‘ignorar’, ‘posicionamiento’, ‘jugar un papel’…? Los calcos directos del inglés también son infinitos: ‘versus’ por contra, ‘newsletter’ por boletín, ‘low cost’ por barato o económico, ‘trending topic’ por tema del momento, ‘crowdfunding’ por colecta, ‘coach’ por entrenador asesor, ‘podcast’ por audio, ‘casual’ por informal, ‘fashion’ por de moda, ‘influencer’ por influyente, ‘followers’ por seguidores, ‘master class’ por clase magistral, ‘fake news’ por falsas noticias, ‘spyware’ por programa espía, ‘backstage’ por trascenio o entre bastidores… Y añadiremos, cómo no, una aburrida lista de esnobismos : ‘spoiler’, ‘offshore’, ‘kit’, ‘blíster’, ‘brainstorming’, ‘prime time’, ‘reality show’, ‘share’, ‘indie’, ‘deluxe’, ‘first dates’, ‘biopic’, ‘of course’, ‘outlet’, ‘streaming’, ‘impeachment’, ‘link’, celebrities’, ‘spin-off’, ‘Black Friday’, ‘Ciber Monday’, ‘takeaway’…

A propósito de esta creciente y consentida invasión inglesa en el habla castellana (de cada tres recomendaciones que diariamente nos propone la Fundéu -Fundación del Español Urgente- para escribir y hablar mejor, una versa sobre esta materia) no cabe sino la repulsa y el menosprecio. Asistimos hasta el hartazgo a un papanatismo paleto y sumiso que da por bueno —cuando no lo busca intencionadamente— todo lo que suene a inglés/norteamericano aunque dispongamos de términos genuinamente españoles para decir lo mismo o incluso para expresarlo con mayor precisión. El complejo de inferioridad de muchos frente a la lengua inglesa es abrumador. Copiando a Álex Grijelmo podemos decir que quienes usan los anglicismos no lo hacen «para hacerse entender, sino para hacerse los entendidos». Como guinda final de cuanto estamos diciendo, no nos queda más remedio que echar mano del humor: aquí.

 

 

Ventanales de la catedral de León. Siglo XIII.

Lucernario cupular de la basílica de la Angustias.
Granada. 1671.

Claraboya del antiguo mercado de Colón.
Valencia. 1916.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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