Búsqueda rápida de términos
Pon entre comillas los términos compuestos.

No es lo que se dice

Ábside y testero son cabecera, pero con matices

 

En la planta (1) de cruz latina de una iglesia distinguimos, por su analogía con la postura del Crucificado, los pies de la cabeza. Los pies son la parte del templo donde se halla generalmente la entrada principal, mientras que la cabeza se sitúa en el otro extremo, el más importante, allí donde se aposenta el presbiterio en torno al altar mayor. Es la cabecera, y hacia ella se dirigen todas las miradas. Obviando las diferencias, esta analogía es transferible igualmente a otras iglesias de planta no cruciforme.

Vista la cabecera desde el interior del templo, puede que no percibamos bien su verdadero trazado; pero observada desde fuera —siempre que no esté adosada a otros edificios y por tanto encubierta—, la cabecera, en especial la románica y la gótica, presenta fundamentalmente dos diseños: el semicircular o cilíndrico y el plano o poligonal. Al primero lo llamamos ábside, del griego ἀψίς, –ῖδος (apsis apsidós: ‘arco‘, ‘bóveda‘) y al segundo, que no contiene esfericidad alguna, testero. Adosados tanto a uno como a otro puede haber absidiolos, o sea, protuberancias arquitectónicas [cubos (2)] casi siempre con la misma forma geométrica que el ábside o el testero, pero generalmente más pequeños. Está claro que en el caso del testero es impropio hablar de absidiolos porque —salvo raras excepciones— dichas protuberancias, si las tiene, no son curvilíneas, pero a falta de mejor nombre es este el que se usa.

Hay también cabeceras mixtas que armonizan testero y ábside, en ese orden, y al gran testero poligonal, a veces escalonado, se les adhieren también escalonadamente uno o más ábsides de menor tamaño. Este mismo diseño puede repetirse en los absidiolos.

La porción recta que algunas veces precede, algo sobresalida o bien sin interrupción mural, al semicírculo absidal —el llamado «tramo presbiterial»— no se considera testero, pero sí parte integrante y unívoca del ábside.

Como queda dicho, desde donde mejor se aprecia este juego de volúmenes es desde el exterior, ya que dentro de la iglesia pueden quedar desdibujados.

Por último, se registran casos en que un absidiolo —rara vez un ábside— de planta y alzado semicirculares en el intradós se traduce en testero recto al exterior.

Expuestos estos matices, no nos extrañemos si oímos, incluso a expertos, hablar indistintamente de ábside y testero. Pero nos chirriarán los oídos o quedarán deslumbrados nuestros ojos al oír o leer respectivamente frases como esta: “…se define el exterior del testero del ábside…”.

(Para entender mejor los pies de foto de algunos monumentos que siguen a continuación, puede consultarse la entrada triconque.)

 

 

Ábside simple Santa María de Villamayor
(Piñola, Asturias), hoy centro cultural. Siglo XI.

ábside con cuatro absidiolos
Santa María de Azoque. Benavente (Zamora).
Siglo XII.

testero simple
Santa Leocadia. Helguera (Molledo, Cantabria).
Siglo X.

ábside triconque mixto
Iglesia de Santa Coloma. Albendiego (Guadalajara).
Siglo XIII.

 

testero triconque uniforme
Santiago del Burgo. Zamora. Siglo XII.

testero mixto
Iglesia de Santa María. Artíes (valle de Arán,
Lérida). Siglo XII.

ábside policónquido escalonado mixto
Iglesia del M.º cisterciense de Santa María de
Armenteira. Meis (Pontevedra). Siglo XII.

ábside triconque
Santa María la Real de Irache. Ayegui (Navarra).
Siglo XII.

NOES cabecera8

ábside gótico tricónquido
Iglesia del convento de Santo Domingo.
Ribadavia (Orense). Siglo XIII.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Puedes dejar un comentario

 Volver a No es lo que se dice

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *