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No es lo que se dice

Pórtico y portada en torno a una puerta

 

La catedral de Santiago de Compostela y la de San Martín de Orense —por citar solo dos casos muy conocidos— ostentan orgullosas tras su fachada principal un “pórtico” espléndido. Un día ya lejano se consideró oportuno anteponer a la gran portalada románica a cielo abierto que ambas lucían otra portada más modesta que preservara de todo tipo de inclemencias meteóricas la delicada labra (1) que aquella exhibía. A partir de entonces estas catedrales contaron con un espacio nuevo y estanco que, por contagio de los ubicuos pórticos románicos ya existentes en la Península, recibió igualmente y sin remilgos el nombre de pórtico. Eso sí, de forma algo sui géneris, porque ni en origen ni tras el ulterior cerramiento mencionado reunía aquello las características formales que todo pórtico reclama.

Solo con generosidad y dejándonos llevar por una interpretación laxa podríamos convenir hoy en que el recinto creado en los casos supradichos con la nueva portada antepuesta se acredita como pórtico. Porque espacialmente, tras el sobrevenido cerramiento, lo que allí se habría creado realmente sería más bien un nártex catecumenal, de no haber perdido ya este para entonces su razón de ser en la liturgia sacramental de la Iglesia.

Para que un pórtico acuda a nuestra cita con todas las credenciales debe reunir, además de su proyección en planta (1), las características siguientes: a) que esté cubierto y al mismo tiempo abierto hacia el exterior, b) que se sustente en columnas o pilares rodeando su perímetro, y c) que corra a lo largo —o a lo corto— de una fachada o de un patio. Si además está provisto de arcadas, el palmarés lo tiene asegurado. A este esquema responden infinidad de templos románicos españoles, una peculiaridad que los distingue de sus homólogos europeos.

El pórtico no es algo exclusivo de la arquitectura religiosa, pero cuando se adhiere a un templo o a una ermita se identifica con la galería porticada (2), conocida también como atrio (1) anteiglesia, que tanto juego ha dado a lo largo de los siglos tanto a concejos rurales como a juntas vecinales, a falta de otro lugar más idóneo donde reunirse. Bajo la galería porticada, además, encontraron acomodo algunos personajes ilustres una vez que hubieron dicho adiós a este mundo.

Está hoy muy extendido el uso de pórtico para referirse sin más precisión a las portadas de las iglesias, en especial a las merecedoras, por sus exquisitas prendas o sus magnas proporciones, de particular admiración. A este paso, y como suele acontecer por imperativo del laissez faire académico, en unos años se habrá impuesto oficialmente, con el marchamo del sedicioso y machacante «tanto monta», la inapelable equivalencia pórtico = portada. En el subconsciente de quienes podrían ganar esta batalla lingüística actúa sigilosamente el resorte de nombrar con voces enfáticas —mejor si son esdrújulas— todo lo que parezca grandioso y solemne, tengan o no dichas voces cabal equivalencia. De modo que las palabras puerta, portal, portada y portalada —con su progresivo grado de complejidad ornamental— se juzgarán un día insuficientes, por desconocimiento de unos y sometimiento de otros, para expresar, frente a pórtico, lo que los unos y los otros contemplarán respectivamente entre extasiados y rendidos.

 

 

Pórtico de la iglesia de San Miguel. San Esteban de
Gormaz (Soria). Siglo XI.

“Pórtico” de la catedral de San Martín
de Tours. Orense. Siglo XIII.

Portada Real de la catedral de Santiago de Compostela
(La Coruña). 1700.

Pórtico del palacio de Correos y Telecomunicaciones,
hoy palacio de Cibeles, alcaldía de Madrid. 1919.

Portalada de los Hierros. Seo de
la Asunción de Nuestra Señora.
Valencia. 1713.

Pórtico del palacio real de Juan II. Madrigal de las Altas
Torres (Ávila). Siglo XV.

Pórtico de la ermita-santuario de Nuestra Señora
de Ayala. Alegría (Álava). Siglo XIII.

Portalada del Perdón. Catedral primada
de Santa María. Toledo. Siglo XV.

Pórtico de la ermita de Santa Catalina. Tartanedo
(Guadalajara). Segunda mitad del siglo XII.

Pórtico sur de la seo de San Pedro. Jaca (Huesca).
Siglo XVI.

“Pórtico” de la catedral vieja de Santa
María. Vitoria. Siglo XIII.

Pórtico de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.
Duratón (Segovia). 1202.

 

 

♣ (clica encima de las imágenes)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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