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Última actualización: 10 de julio de 2020

 

  • Un Medievo oscurantista (¿?)

     

    A quien le asalte la duda de este enunciado o tenga impresa en su alma la incontrastada creencia que, a bulto, asocia oscurantismo con Edad Media le iría bien visitar el pórtico (2) de la Gloria de la catedral compostelana. Solo para abrir boca, porque inmediatamente querrá conocer otras referencias artísticas del periodo románico que sigan desmintiendo lo que mecánicamente se nos ha enseñado desde niños, a saber: que todo el Medievo, pero en especial los inmediatos siglos que precedieron al gótico alumbraron una sociedad sombría, infructuosa e improductiva. Con esa afirmación —susceptible a todas luces de ser matizada— se hace difícil creer que una sociedad así configurada pudiera forjar el deslumbrante acervo románico, expresión inequívoca de unas formas artísticas que, sin renunciar al pasado, supieron revolucionarlo sorteando los avatares del presente.

    Para demostrarlo —y con el consiguiente regocijo de mente y sentidos— sin dilación emprendemos viaje desde la jubilosa, triunfal y elegante majestad gloriosa del pórtico mateano en Compostela, o desde el no menos exultante pórtico del Paraíso de la catedral de Orense, a las explosivas policromías de otras portadas románicas coetáneas o que las precedieron; visitamos lo que queda de las coloristas y casi indefectibles pinturas románicas interiores y también exteriores de los templos, repletas de escenas religiosas y profanas; sonreímos al levantar la vista hacia los punzantes y satíricos canecillos eróticos u obscenos de sus aleros; quedamos absortos frente a capiteles que, en cuatro palmos de piedra, retratan con maestría y humor, amén de la biblia en verso, los usos y costumbres de la época; admiramos la inventiva inagotable de un bestiario aterrador y cómico a un tiempo; miramos y remiramos ensimismados el derroche de color de las afiligranadas miniatura(1) de los códices; damos por imposible catalogar la riquísima variedad de motivos ornamentales que conforman cimacio(3), impostas, friso(1 y 5) y arquivolta(2); y, en fin, descartamos también como tarea inútil reglamentar en órdenes (1) —como ya hicieran los clásicos (1)— la inabarcable versatilidad de fustes y columnas. Este es el legado de aquella  sociedad “oscurantista”.

    Si doctrinal y judicialmente las gentes de la Edad Media estuvieron sometidas al freno y la mordaza de una Iglesia castradora de libres albedríos y controladora de fueros y conciencias, es patente que el arte no llegó a transparentar esa opresión. El románico —por paradójico que parezca, pues gozaba de la protección del clero— supo trascender toda suerte de rigideces y limitaciones eclesiásticas y, siempre que pudo, se libró con astucia de los corsés dogmáticos y las bridas moralizantes.

    El posterior y luminoso gótico que se aposentó poco a poco a partir del siglo XIII no haría sino recibir el testigo del románico —¿cómo, si no, entender las jocundas y cáusticas misericordiade los estalocorales?—, de igual modo que el mundano y humanista renacimiento sería deudor algo más tarde del altivo gótico precedente, porque en las corrientes artísticas cuentan más las consecuencias del pasado que las revoluciones del presente.

    Ver también este artículo.

     

     

    Pórtico de la Gloria. Catedral de Santiago de
    Compostela (La Coruña). Finales del siglo XII.

    Pórtico del Paraíso. Catedral de San Martín de
    Tours. Orense. Inicios del siglo XIII.

    Recreación pictórica de la portada original.
    Concatedral de Santa María la Mayor. Tudela
    (Navarra). 1204.

    Panteón de los Reyes. Colegiata real basílica
    de San Isidoro. León. Siglo XII.

    Reproducción digital de la cabecera de la iglesia de
    San Clemente, con los elementos conservados de
    1123. Taüll (valle de Boí, Lérida).

    Iglesia de San Juan (valle de Boí, Lérida).
    Siglo XI.

    Selección de canecillos. Colegiata de San Pedro.
    Cervatos (Cantabria). Siglo XII.

    Capitel agrícola en vano del ábside. Iglesia
    de Stos. Facundo y Primitivo. Silió (Molledo,
    Cantabria). Primera mitad del siglo XII.

    Mensario de la arquivolta de la iglesia de S. Miguel.
    Beleña de Sorbe (Guadalajara). Siglo XII.

    Capitel con tareas domésticas del mes de enero.
    Claustro del monasterio de Santa María la Real
    de Nieva (Segovia). Siglo XIV.

    Parte del Apostolado de la Cámara Santa.
    Oviedo. Último tercio del siglo XII.

    Tapiz o bordado de la Creación. Museo de la
    catedral de Gerona. Siglo XI.

     

     

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  • urna
    1. Recipiente de barro, cerámica, piedra o metal —que puede transportarse fácilmente con las manos— con forma semiesférica o de paralelepípedo, que desde la más remota Antigüedad se utiliza para guardar las cenizas de un difunto. Arca funerariaCipoColumbarioCupaLucillo (1). Sarcófago.
    2. En ámbitos religiosos, caja de volumen muy diverso, total o parcialmente transparente y con forma variable, que contiene alguna reliquia relacionada con personas ya fallecidas tenidas por santas. Lipsanoteca.

     

     

    Urna íbero-contestana. El Cigarralejo
    (Murcia). Siglo III a. e. Museo
    Arqueológico de Alicante.

    Urna funeraria “Caja de los Guerreros”. Necrópolis
    ibérica de Piquía o de la Cuesta del Parral. Arjona
    (Jaén). Museo Provincial de Jaén. Siglo I a. e.

    Urna cineraria del Cabezo de Alcalá.
    Azaila (Teruel). MAN, Madrid.
    Siglo II a. e.

    Urna cineraria. Necrópolis ibérica de Tútugi.
    Galera (Granada). Siglo IV a.e. MAN, Madrid.

    Urna del poblado ibérico de El Castellar.
    Oliva (Valencia). Siglo IV a. e. Museo
    Arqueológico de Cataluña.

    Urna cineraria romana. Villardompardo (Jaén).
    Siglo I a. e. MAN, Madrid.

    Urna relicario de madera lacada y cristal de roca.
    Museo Provincial de Bellas Artes. Valladolid.
    Inicios del siglo XVII.

    Urna con los restos de san Prudencio. Iglesia
    de San Cruz. Nájera (La Rioja). Siglo XVIII.

    Parte de las 507 urnas-relicario (siglos XVI y XVII)
    del monasterio de El Escorial (Madrid).

     

     

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  • vaciado
    1. Procedimiento empleado para conseguir espacios habitables en la sólida entraña del medio natural (un remonte, una montaña, el subsuelo) valiéndose de la extracción del material que lo conforma. Rupestre.
    2. Técnica para reproducir industrialmente esculturas o relieves (1) mediante un molde de yeso o escayola, estuco u otro soporte idóneo, en el cual se vierte una colada de metal fundido u otras sustancias en estado fluido, como plástico, yeso, barro, cerámica, etc. Fraguada la emulsión, se extrae del molde y se pule, despojándola de asperezas. Es la forma habitual de fabricar objetos en serie con materiales maleables. Cera perdidaBulto redondoYeso (2).  
    3. Labor aplicada a la piedra, a la madera o al marfil, consistente en horadar a trépano o a mano con un buril (1) el bloque (2) que se desea esculpir, hasta conseguir, mediante la substracción del material sobrante, la figura, el relieve (1) o la filigrana proyectados. Calado (2). Labra (1).

     

    cal0   vídeo ilustrativo

     

    resultado del vaciado

    Tablero de la taifa de Denia
    (Alicante), con vaciado de
    decoración vegetal. MAN,
    Madrid. Siglo X.

    Interpretación árabe del capitel compuesto.
    Medina Azahara (Córdoba). Siglo X.

     

     

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  • vano
    1. Cualquier hueco practicado en un paramento (1) para que sirva de puerta, ventana, óculo (1) diáfano o traslúcido, rosetón (1), aspillera, etcétera, que proporcione luz, oportuna ventilación y, en su caso, la necesaria accesibilidad al recinto. Puede ser simple o geminado (1) si intermedia un parteluz. Además de las utilidades referidas, los vanos permiten desde dentro del inmueble ver el exterior y controlar lo que allí acontece, dan ornato al edificio, alivian las cargas estructurales (2) de la fábrica e imprimen a los muros una mayor ligere­za volumétrica. Sin embargo, hay también vanos puramente decorativos, cuya utilidad se agota en su misma función ornamental.
    2. Hueco de dimensión variable, no practicado por perforación o eliminación de materiales en el muro, sino simple resultado de separarse dos cuerpos que siguen comunicados por alguna de sus partes.

     

     

    Torre del Infantado con diferentes vanos. Potes
    (Cantabria). Siglo XIV.

    El óculo y el rosetón, los vanos
    circulares por antonomasia

    Vanos múltiples del Palacio Real Mayor. Barcelona.
    Siglo XIV.

    Vanos del castillo de Loarre (Huesca). Siglo XI.

    vanos ornamentales

    vano ojival y vano de medio punto

     

     

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  • vasar

    Poyo elevado o anaquel de ladrillo, yeso (1), madera u otro material, que sobresale en la pared de chimenea(1) o lares, cocinas y despensas para recibir vasos, platos, candeleros, bandejas, tarros… AlmojayaConsolaMénsulaRepisa. Revellín (2).

     

     

    Cocina levantina. Museo Nacional de Cerámica
    (palacio del Marqués de Dos Aguas). Valencia.

    Vasares de la cocina del Palacio Real de Madrid,
    remodelada en 1861 por Alfonso XII.

    Vasar de fogón. Campo de Criptana (Ciudad Real).
    Siglo XVII.

     

     

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  • vástago

    Representación plástica de un pimpollo vegetal, un brote herbáceo o un renuevo árbóreo. Por la frecuencia con que se plasman en la decoración arquitectónica los vástagos en general y las hojas de acanto (1) en particular, merecen una mención explícita en este glosario.

    Antema. Arabesco. AtáuricoAtaurique. CardinaCaulículoCestaDecapétaloFestón (2). Roleo. YeseríaZarcillo.

     

     

    Friso de la ermita visigoda de Santa María. Quintanilla
    de las Viñas (Burgos). Siglo VIII o X.

    Ataurique de vástagos de la techumbre
    mudéjar de la catedral de Teruel.
    Siglo XIII.

    Vástagos esquematizados en yeso. La Alhambra.
    Granada. Siglo XII.

     

     

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  • velarium

    (escríbase: velarium o «velarium»)

    Lienzo o toldo gigante que cubría los anfiteatros y los teatroromanopara proteger del sol y de la lluvia a los asistentes. Una multitud de esclavos extendía y recogía mediante poleas sujetas a postes o mástiles las enormes velas que cubrían el recinto.

     

     

    Hipotético velarium del Coliseo o anfiteatro
    Flavio. 60-70.

    Soportes y orificios en el paramento exterior
    del Coliseo para enjarciar el velarium del
    anfiteatro Flavio. 60-70.

    hipotétio velarium de un teatro romano

     

     

     

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  • venera

    Elemento decorativo que representa una gran concha. Entre otros sitios lo encontramos con frecuencia ocupando la bóveda de una hornacina, las trompas que dan asiento a una cúpula o a un cimborrio y las pechinas de los crucero(1). Avenerada.

     

     

    Trompa de San Lucas. Crucero de la
    catedral de Valencia. Siglo XIV.

    Pila bautismal avenerada de la iglesia de Santa
    Eugenia. Villegas (Burgos). Siglo XIII.

    Portada de la ermita de la Virgen
    del Rocío. El Rocío (Almonte,
    Huelva). 1969.

    Cúpula de la escalera del claustro. Monasterio de
    San Juan de los Reyes. Toledo. 1495.

    Alegoría con venera del Derecho
    Canónico. Calle adyacente a la
    Universidad de Valladolid. Siglo XVI.

    Santuario de la Virgen de Peñarroya (dentro del
    castillo de ídem). Argamasilla de Alba (Ciudad
    Real). Siglo XVII.

     

     

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  • ventanales
    1. Ventanas muy grandes, a menudo no practicables, adecuadas en general para todo tipo de edificios. Pero donde mejor evidencian los ventanales su porte y esbeltez es en las construcciones góticas, en las que los altos paramento(1) son traspasados verticalmente por esplendentes luminarias. En los templos suelen ocupar la parte superior de la nave central y del transepto aprovechando su mayor altura, si bien puede haberlos también —más pequeños— en las crujíalaterales. Si el templo dispone de triforio (1) tribuna(1), los ventanales se sitúan por encima de ellos. Con el genérico nombre de ventanales podemos referirnos también a los vitrales y a las vidrieras, en especial si solo son de alabastro o simple vidrio. En todos los casos contribuyen a aligerar el peso de la fábrica. No hay razón alguna que justifique la sustitución de ventanales y otros términos equivalentes por el de claristorio, anglicismo innecesario. Ver este artículoLucernario.
    2. En singular, ventanal alude en una habitación a una pared acristalada.

     

     

    Fachada del Obradoiro. Catedral de
    Santiago Apóstol. Santiago de Compostela
    (La Coruña). Siglo XVIII.

    Cabecera de la iglesia de Santa María la Mayor.
    Montblanc (Tarragona). Siglo XIV.

    Mirador del parador nacional de turismo
    Antonio Machado. Soria. 1966-1985.

     

     

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  • veranda
    1. Galería (1) o porche que se adosa a una casa o un patio. CenadorCobertizo (1 y 2)LogiaPórtico (1). Soportal.
    2. Mirador, balcón acristalado.

     

     

    Veranda de estilo racionalista. Guatiza (Lanzarote).
    Siglo XXI.

    Veranda a un agua del parador nacional
    de turismo. Teruel. 1956.

    veranda a dos aguas

     

     

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  • verdugada

    o verdugo o zuncho (2)

    En un muro, hilada (1) de ladrillos colocada entre hiladas de obra (3) diferente ―por lo común mampuestos― reforzando la pared, al tiempo que le confiere cierto ritmo visual. CenefaCuartel. Encintado (3). Friso (3). FrogaMachón (1).

     

     

    Ábside-torreón de la iglesia de San Pedro.
    Tolocirio (Segovia). Siglo XIII.

    Puente de los Barros. Arévalo (Ávila). Siglo XII.

    Cuesta de la Vega. Madrid. Siglo XIX.

    Iglesia de Sta. María de la Encarnación. La Alhambra,
    Granada. 1618.

    Iglesia de Santa Eulalia de Mérida. Moros
    (Zaragoza). Finales del siglo XVII.

    Palacio de Cárdenas o de los duques de Frías.
    Ocaña (Toledo). Inicios del siglo XVI.

     

     

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  • verraco

    Escultura megalítica zoomorfa (cerdo, jabalí, toro o uro) de la cultura celtibérica de los siglos VII al II a. e., presumiblemente con función totémica, jurisdiccional o funeraria. Se han encontrado verracos, vetones principalmente, en las provincias de Ávila, Cáceres, Salamanca, Zamora, Segovia y Toledo. Solo en tierras abulenses hay contabilizados 102 ejemplares. Ibérico.

     

     

    Toros vetones de Guisando. El Tiemblo (Ávila).
    Siglo II a. e.

    Verraco vetón de la II Edad del Hierro (hacia el
    500 a. e.). Plaza del Castillo de Ciudad Rodrigo
    (Salamanca).

    Villanueva del Campillo (Ávila). El mayor de los
    verracos celtas europeos (250×243 cm).
    Siglos IV-III a. e.

     

     

     

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  • vertiente

    faldón (1)

    Superficie plana e inclinada de una  cubierta (1) o tejado. Este puede tener de una a varias vertientes; los tejados más comunes presentan dos o cuatro. A las vertientes también se les llama aguas, y es habitual la expresión “a dos” o “a cuatro aguas” para identificar los tejados por el número de vertientes que los configuran.

    Armadura de colgadizoJaldeta. PetoTabica (2).

     

     

    Tejados con predominio a tres y a cuatro aguas.
    Uztárroz (Valle del Roncal, Navarra).

    Tejados con predominio a dos aguas.
    Albarracín (Teruel).

    Tejados con todo tipo de vertientes. Santiago de
    Compostela (La Coruña).

    Tejados con predominio de dos vertientes. Alcalá de
    la Selva (Teruel).

    Ábside con siete vertientes. Iglesia
    de San Pedro de Vilanova. Dozón
    (Pontevedra). Siglo XII.

    Vertientes de todo tipo en la catedral de Cuenca y
    su entorno. Siglo XIII-XX.

     

     

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  • vestíbulo

    o zaguán. Atrio (2), pórtico (1) o patio por donde se entra a un edificio principal. Llamar antesala al vestíbulo —como se hace a veces— no se corresponde con lo que cada uno de estos espacios representa, siendo principalmente la magnitud del vestíbulo lo que lo hace diferente de la antesala, de dimensiones más reducidas. Cancel (1). Galería (1). GalileaLogiaNártexPorcheSoportal.

     

     

    Vestíbulo neogótico-mudéjar de la Universidad
    Pontificia. Comillas (Cantabria). 1892.

    Escalera del vestíbulo. Antiguo hospital
    de la Cruz Roja. Melilla. 1919.

    Vestíbulo de la casa modernista Manuel Felip.
    Barcelona. 1901.

    Vestíbulo de palacio de Sobrellano. Comillas
    (Cantabria). 1888.

    Vestíbulo del Museo Guggenheim. Bilbao. 1997.

    Vestíbulo de la Universidad de Barcelona. 1450.

     

     

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  • Vía de la Plata (hablando en plata)

     

    Que el patrimonio arquitectónico de la vía de la Plata es inabarcable lo sabe mucha gente. Pero lo que no todos saben es que la ruta que lo cobija, por más que se apellide «de la Plata», no guarda parentesco nominal alguno con el preciado metal. Este dato lo conocen hoy —gracias al masivo acceso a la información que proporciona internet— muchas más personas que hace cincuenta años. Porque la todavía confusión de algunos no es de ahora, sino que viene de lejos, y de todos es sabido que el venerable peso de la tradición llega demasiadas veces a hacer crónico un errado entendimiento. El que ahora nos ocupa persiste aún, a impulsos de la inercia, en ambientes poco cultivados.

    La identificación de la calzada romana Emerita Asturica (desde Mérida a Astorga) con la plata ya está documentada en el siglo XV, y nuestro insigne gramático y humanista Antonio de Nebrija (1441-1522), en su obra De mensuris (pág. 4), escrita a comienzos del siglo XVI, también lo recoge: via nobilissima argentea vulgo dicitur. Nebrija no tuvo más remedio que llamar en latín via argentea a lo que se conocía vulgarmente como «vía de la Plata», ya que se atribuía precisamente a la plata el origen de tan antiquísimo camino.

    Lo cierto es que hacia el año 1000 a. e. los pueblos tartésicos (y posteriormente los turdetanos) del suroeste peninsular ya usaban esta ruta para comunicarse con las etnias del noroeste y comerciar con ellas los metales que extraían de las minas de Sierra Morena. Más tarde, con la incipiente romanización llevada a cabo en el siglo II a. e. y mucho más con la de los siglos posteriores, la vetusta ruta metalífera recibió un impulso aún mayor con la intensiva extracción y el acarreo de nuevos metales —el oro de Las Médulas especialmente— y por enlazar con otras calzadas hacia levante (Legio, Calagurris, Caesar Augusta); se prolongó además por el sur (Sevilla, Cádiz y Ayamonte), buscando el Atlántico, y por el norte (Gijón), para abrir nuevos puertos en el Cantábrico.

    Esta espléndida red de carreteras libres de peaje —amén de otras muchas calzadas que cruzaban la piel de toro de lado a lado y de arriba abajo— fue para los recién llegados norteafricanos del siglo VIII el mejor corredor que imaginar pudieran en su fulminante ocupación peninsular frente a una desconcertada Hispania visigoda (según la versión oficial de la llamada «invasión» musulmana). La Emerita Asturica de la Lusitania fue posiblemente la primera calzada que pisaron. Y aunque en la mayor parte de su recorrido estaba cubierta de zahorra o gravilla apisonada —al igual que todas las calzadas romanas, excepto la itálica Vía Apia, enlosada en casi la mitad de su recorrido—, los kilómetros más próximos a las urbes importantes se pavimentaban con grandes piedras planas. Esta novedad impresionó mucho a aquellos belicosos jinetes del Magreb, y ello motivó que comenzaran a llamarla al-Balat (‘camino empedrado’). Las sometidas gentes hispanovisigodas tuvieron entonces que adaptar el nuevo nombre de su calzada a como ellas lo percibían en boca de sus invasores, y el sonido con que al-Balat llegaba a sus oídos era lo más parecido a “plata”.

    Otra explicación lexicográfica de la vía de la Plata se remonta al latín tardío delapidata, con que en la Alta Edad Media se designaban los suelos empedrados, incluidos los privilegiados tramos de algunas calzadas, denominación que por corrupción fonética acabaría igualmente como “plata”.

    De ahí a dar el salto semántico al preciado metal de los plateros no hay sino un paso, más aún con los antecesores trasiegos metalúrgicos de la insigne y secular Emerita Asturica.

     

     

    La vía de la Plata (tradicional Camino de
    Santiago meridional) en el contexto de
    las otras rutas jacobeas

    Vía Emérita Astúrica a su paso por el
    hoy Museo Nacional de Arte Romano.
    Mérida (Badajoz). 25 a. e.

    Vía de la Plata sin empedrar en la provincia de
    Salamanca

     

     

     

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  • vídeos

    Se copian aquí los vídeos que acompañan a algunas entradas de este glosario:

     

    cal0 aguafuerte

    cal0 alfarero

    cal0 armadura

    cal0 bálago

    cal0 cal

    cal0 cera perdida

    cal0 cuerda seca

    cal0 esgrafiado

    cal0 estrapo

    cal0 motilla

    cal0 nevero

    cal0 palloza

    cal0 pinturas románicas

    cal0 rejuntado

    cal0 repujado

    cal0 sinopia

    cal0 vaciado

    cal0 yeso

     

  • vidriera

    Bastidor (1) con cristales artísticos o de colores con que se cierra un vano. Los vidrios pueden ser tintados o naturales y admiten todo tipo de representación. Conviene diferenciar la vidriera del vitral, pues este, aparte de ser más grande, suele ir acompañado de otros vitrales cerrando vanos en serie. Ver este artículo.

    GrisallaLucernarioLuminariaPainel (1). Rosetón (1). Ventanales.

     

     

    Vidriera de la cripta del parque Güell. Barcelona. 1914.

    Vidriera de la Real Maestranza
    de Caballería. Valencia. 1908.

    Vidriera emplomada de casa particular. Muchavista,
    El Campello (Alicante). 1999.

    Castillo-palacio de Benisanó (Valencia). Segunda
    mitad del siglo XV.

    Vidrieras abstractas (1995) de la catedral
    de Cuenca (siglo XIII).

    Casa Alegre de Sagrera. Museo de Tarrasa
    (Barcelona). Comienzos del siglo XX.

     

     

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  • vierteaguas
    1. Losa, moldura o grupo de baldosas sobresalientes y con leve inclinación hacia fuera, que se colocan sobre el alféizar (1) de una ventana o el umbral de una puerta para impedir que la lluvia entre en la casa.
    2. Cualquier elemento en voladizo (1), de obra (3) u otro material, puesto al exterior sobre una puerta, ventana, hornacina u otro tipo de vano, para que en caso de lluvia queden más protegidos, al tiempo que realza probablemente aquello que cubre.

    AleroCobija (1). Colgadizo (1). CornijónCornisa (1). CornisamentoGuardapolvo (1). SobradilloSofito (1). TejarozVisera.

     

     

    vierteaguas en voladizo
    Casa particular de Arcos de la Frontera
    (Cádiz)

    vierteaguas en ventana

    vierteaguas modernista
    Torre de la Cruz. San Juan Despí
    (Barcelona).

     

     

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  • visera

    Borde saliente e inclinado de una cubierta (1), dispuesto de tal modo que aleje de los muros el agua de los tejados cuando llueve o procure alguna zona de penumbra. A veces, sin embargo, la aparatosa vistosidad de su diseño prevalece ostensiblemente como explícita forma identitaria sobre la pura utilidad del aéreo elemento que sobresale. AleroCobija (1). Colgadizo (1). Cornisa (1). Cornisamento (1). Guardapolvo (1). Marquesina (1). Rafe. Saledizo. SobradilloTejaroz. Vierteaguas (2). VoladizoVoladoVuelo.          

     

           

    Palacio de los Deportes de la Comunidad de
    Madrid. 1960.

    Palacio de Congresos. Valencia. 1998.

    Palacio de Exposiciones y Congresos de Oviedo.
    2010.

     

     

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    Última actualización: 10 de julio de 2020