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Sillares y mampuestos

academicismo

Corriente artística coherente con un modo de hacer arte que sigue los patrones dictados por las respectivas academias de cada país o región. Las escuelas llamadas “gremiales”, producto de la Academia griega que el Renacimiento había restaurado, adquirieron a finales del siglo XVIII carácter institucional y normativo, encauzando las crecientes tendencias academicistas como reacción frente al barroco y el casticismo, auspiciando las formas promovidas por el reciente neoclasicismo, en las que predominaba —siguiendo modelos clásicos (1) grecolatinos— la mesura y la proporción frente a los excesos de un arte complicado y retorcido, basado en la exteriorización de las emociones. Entre otros méritos a su favor, las obras (2) académicas se postulaban como de gran calidad técnica. El antiacademicismo, por su parte, ponía el acento en la libre creatividad, alegando que por ser innata al ser humano no puede ser cercenada, y por ello mismo conduce a una permanente renovación.

Ya en pleno siglo XIX, el academicismo más ortodoxo viró hacia posturas menos puristas y hasta se atrevió a coquetear con otras formas arquitectónicas más libres como el historicismo, el eclecticismo y el estilo imperio.

 

 

Fachada de la catedral de Lugo. Finales el siglo XVIII.

Ayuntamiento de Cádiz. 1799.

Teatro Pérez Galdós. Las Palmas de Gran Canaria. 1890.

Palacio de la Diputación Foral de Navarra. Pamplona.
1865.

Teatro Calderón. Valladolid. 1864.

Palacio de la Diputación Foral de Álava. Vitoria. 1858.

Patio del rectorado de la Universidad de
Valencia. Siglos XIX-XX

Plaza Nueva. Bilbao. 1851.

Palacio del marqués de Salamanca. Paseo
de Recoletos, Madrid. 1855.

 

 

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