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Sillares y mampuestos

cantero

Quien desempeña el oficio de extraer piedra de una cantera (1) y también quien la labra (2) y asienta en un edificio o monumento. Este último pertenecía en la Edad Media a uno de los más importantes gremios profesionales. Son conocidas sus marcas de cantería, esos signos de invención libre con que cada cantero señalaba las piedras por él trabajadas para su oportuna retribución, así como otras señales incisas en los bloques pétreos para su correcta colocación (véase este artículo).

Muy poco sabemos de la autoría constructiva de los edificios medievales. Los documentos de contratación y pago, que sin duda existieron, se han perdido irremediablemente en muchísimos casos, de modo que las marcas en los sillares son la única prueba documental de quienes las moldearon, prueba que hoy, sin embargo, no aporta mayor información. Además, la mayoría de los muros de aquella época no llevan señal identificativa alguna, sin duda porque se adoptaba en muchos casos un modelo de retribución que no requiriese dejar marcas personales en los sillares. Pero cuando estas aparecen, es tal a veces su abundancia en un mismo edificio que podemos colegir que correspondían exclusivamente a canteros auxiliares. El cantero maestro de obras, verdadero artífice del proyecto y de su realización, es obvio que no se dedicaba a levantar muros con sus manos, y que regulaba su actuación profesional mediante contrato; su «marca de cantería» retribuible no era otra que la misma obra (2) ya terminada. Pero de aquellos contratos, como ya se ha dicho, apenas ha llegado nada hasta nosotros que pueda desvelarnos autoría alguna.

En contadas ocasiones, sin embargo, algunos de estos canteros dejaron esculpido su nombre en la piedra junto a un lacónico «me fecit» (me hizo); otros agregaron palabras y números con más datos sobre el trabajo realizado; los menos se autorretrataron sin pudor con la maza, el escoplo o el cincel; y la mayoría rindió tributo a su labor labrando en sillares escogidos —canecillos y capiteles principalmente— artesanos anónimos o tal vez conocidos colegas, empuñando o manejando la herramienta o componiendo completas escenas de cantería (1). Por último, aun sin ser muy frecuentes, en algún lugar de la obra puede haber epigrafías con información sobre la inauguración del monumento, en la que se menciona al maestro de obras.

Véase también este artículo.

AlarifeDesbastar. En secoEscoploEscuadradoEstereotomía. Hueso. Mampostería. Mampuesto. SillarejoSillería (1). Tallar.

 

 

Marcas de cantería de la iglesia del
Salvador. Sepúlveda (Segovia). Final
del siglo XI. (Resalte añadido aquí.)

Autorretrato del cantero que labró la portada de la
iglesia de Revilla de Santullán (Palencia). Siglo XIII.
(Repárese en el “Micaelis me fecit”.)

Canecillo con cantero. Iglesia de San
Salvador. Pozancos (Palencia).
Finales del siglo XII.

Autorretrato del escultor del cenotafio de los
santos Sabina, Cristeta y Vicente. Basílica de San
Vicente. Ávila. Siglo XIV.

Capitel de la portada oeste de la iglesia
de San Miguel. Biota (Zaragoza). Siglo XII.

 

El usual “Me fecit” (Me hizo) de los canteros; aquí:
Leodegarivus, que dirigió las obras de la portada
de Sta. María la Real. Sangüesa (Navarra). Siglo XII.

Canteros de un capitel múltiple de la panda oeste
del claustro de la catedral de Gerona. Siglo XII.

Pelea entre canteros. Capitel del claustro
del monasterio de San Juan de la Peña.
Santa Cruz de la Serós (Huesca). Siglo XI.

Canecillo de la fachada sur de la Iglesia de San
Miguel. Ayllón (Segovia). Siglo XII.

Capitel representando a canteros. Iglesia
de San Facundo y San Primitivo. Silió
(Cantabria). Siglo XII.

Capitel del palacio Maricel. Sitges (Barcelona).
1915.

Autolabra del cantero inglés Reinard Fonoll,
claustro gótico del m.º cisterciense de Santes
Creus. Aiguamurcia (Tarragona). Siglo XIV.

Canecillos de la iglesia de Santa María. Hoyos
(Valdeolea, Cantabria). Siglo XII.

Canecillo del tejaroz de la iglesia de
Santa María Magdalena. Tudela
(Navarra). Segunda mitad del siglo XII.

Capitel del claustro del monasterio de Nuestra
Señora de la Soterraña. Santa María la Real de
Nieva (Segovia). Finales del siglo XIV.

Epigrafía con la autoría como maestro de obras
de Juan de Piasca. Iglesia de San Julián y Santa
Basilisa. Rebolledo de la Torre (Burgos). Finales
del siglo XII.

Testimonio del cantero que realizó la
portada de la ermita de Puilampa. Sádaba
(Huesca). 1191.

Cartela del hastial de poniente que cita a los
maestros de obras Covaterio (s. XII) y Toribio
de Cambarco (s. XV). Iglesia de Santa María
de Piasca. Cabezón de Liébana (Cantabria).

Jamba de la portada de la iglesia de Santa María.
Yermo (Cantabria). Siglo XII. «Era de MCCXLI esta
iglesia de Santa María, Pedro Quintana me hizo.
Padre nuestro por su alma».

Presunto autorretrato del maestro Mateo.
Parteluz interior del Pórtico de la Gloria.
Catedral de Santiago de Compostela
(La Coruña). 1180.

Testimonio del cantero Arnau Cadell, que en un
capitel del claustro del m.º benedictino de San
Cugat del Vallés (Barcelona) confiesa ser el
maestro de obras. Inicios del siglo XIII.

 

 

 

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