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Sillares y mampuestos

cenobio

Monasterio, casi siempre fuera de poblado, donde viven en comunidad los monjes o las monjas —en griego antiguo κοινόβιον (koinóbion) significa ‘vida en común’—, esto es, quienes profesan votos de pobreza, castidad y obediencia —principalmente— y observan una misma regla de vida y costumbres.

Con monasterio y cenobio se hace referencia frecuentemente a cualquier convento, o sea, esa casa grande donde conviven frailes o monjas o religiosos en general. Pero monasterio y cenobio son términos que, en rigor, se han reservado siempre para identificar las apartadas y complejas edificaciones destinadas a la vida contemplativa y laborante de las órdenes monásticas, fundadas no más tarde del siglo XII (benedictinos/as, cartujos/as, camaldulenses, premostratenses, cistercienses…), anteriores por tanto a la aparición en la Iglesia de las órdenes mendicantes, cuyos miembros sí viven en conventos.

Los eremitas o ermitaños, que como su propio nombre indica habitaban en lugares yermos —ἐρημία (erēmía): ‘desierto’, ‘soledad’— y tenían una cueva o una ermita individual por morada, evolucionaron en algunos casos hacia esporádicas experiencias comunitarias, y el cenobio congregaba entonces durante pocas semanas o meses a quienes habían hecho de la soledad su forma regular de vida.

Un cenobio está integrado por diferentes unidades arquitectónicas: la iglesia, la sala capitular, el dormitorio, la cocina, la tahona u horno, el refectorio, la enfermería, la biblioteca, el scriptorium…, todo en torno a un eje vertebrador común, o sea, uno o varios claustros, a los que se asomaban las citadas dependencias. Formaban también parte del cenobio otras piezas cercanas al núcleo principal, pero por lo común exentas: la cuadra, el silo, la almazara, el lagar, el molino de grano, la bodega o cilla, la fragua y herrería, la granja, la hospedería, la casa del abad o de la abadesa, el cementerio, el pabellón de los criados, los talleres y otros inmuebles relacionados generalmente con las labores del campo o con las tareas que, en el caso de las monjas, se desarrollaban en el obrador, el taller de costura o la fábrica artesanal. En la mayoría de los cenobios todavía en activo siguen en pie muchas de estas instalaciones; algunas perpetúan aún su secular cometido, otras han sido adaptadas para acometer trabajos más modernos.

Ver también este artículo.

 

 

Abadía de San Salvador de Leyre (siglo IX).
Monjes benedictinos (regla de San Benito del
siglo VI). Yesa (Navarra).

Cartuja de Aula Dei (1563). Peñaflor (Zaragoza).
Monjes cartujos (fundados en 1084). Cerró como
cartuja en 2012 (sus monjes se trasladaron a la
de Portaceli, Valencia). Ese mismo año llegaron al
cenobio religiosos del Camino Nuevo, reciente
congregación francesa de espíritu catecumenal.

Monasterio de San Julián (mm. benedictinos).
Samos (Lugo). Siglo VI.

Monasterio de Santa María de Buenafuente
del Sistal. Olmeda de Coveta (Guadalajara).
Siglo XII. Monjas cistercienses (reforma a
finales del siglo XI de la orden benedictina
del siglo VI).

Monasterio de la Encarnación (monjas carmelitas
descalzas). Ávila. 1515.

Monasterio real de Santa María (siglo XII).
Villanueva de Sijena (Huesca). Hasta 1985
estuvo habitado por monjas sanjuanistas
(fundadas en el siglo XII para ayudar a los
Caballeros de Malta).

Monasterio de Santa María de la Oliva (monjes
trapenses). Carcastillo (Navarra). Siglo XII.

Monasterio de San Pedro de Cardeña de
monjes trapenses (reforma del Císter en
1664). Castrillo del Val (Burgos). Ss. X-XVII.

Monasterio de San Benito de monjas benedictinas.
Montaña de Monserrat (Barcelona). 1952.

Monasterio de Santa María del Lluch. Escorca
(Mallorca). Siglos XIII-XVIII.

Convento de frailes carmelitas descalzos.
Desierto de las Batuecas. La Alberca
(Salamanca). 1599.

Monasterio cisterciense de Veruela. Vera de
Moncayo (Zaragoza). Siglo XII.

 

 

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