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Sillares y mampuestos

cesta

tambor (2)

En el orden corintio, cuerpo (1) central del capitel, su parte más voluminosa. Es probable que el nombre esté inspirado en la historia sobre el origen del capitel corintio que cuenta el arquitecto y tratadista romano Vitrubio (75 a. e.-15). A mediados del siglo III a. e., en Corinto, ciudad del Peloponeso, el ya afamado escultor Calímaco, que trabajaba por aquel entonces en la polis griega, vio en una tumba del cementerio un extraño canastillo puesto en tierra con una delgada losa cubriendo ampliamente la boca del cesto; casualmente, una simiente de acanto (1) —planta muy abundante en las necrópolis griegas por su simbolismo regenerador— había germinado debajo del cesto y, al crecer la planta, lo había revestido hasta la losa que lo cubría, la cual obligaba a la planta a curvar sus hojas hacia abajo. En este espectáculo banal halló Calímaco la inspiración que andaba buscando para un encargo que le habían encomendado.

Por extensión, el nombre de cesta se usa también para referirse a todo tipo de capiteles con cuerpo central apreciable. La cesta del capitel románico —libérrima siempre frente a los corsés clásicos (1)— alcanzó una plasticidad inigualable, esculpiendo tanto la sencillez esquemática de las formas vegetales como la expresiva y prolija representación de la vida humana, plasmada en oficios artesanos y tareas agrícolas, labores domésticas y prácticas religiosas, evocación de virtudes y vicios…, combinándolo todo con escenas bíblicas y hagiográficas y el omnipresente bestiario medieval, siempre al acecho de mentes crédulas y supersticiosas. Otras veces la fantasía de la labra (1) halló inspiración en la filigrana de los entrelazados (2) reticulares y en la más enmarañada cestería.

Al igual que sucede con otros elementos de la columna (en especial, el fuste y la basa), la cesta se presenta frecuentemente adosada a un pilar (1), a una pilastra o directamente al paramento (1), hurtando a la vista alguna de sus caras, que su artífice lógicamente dejó sin labrar. En estos casos el término semicesta se ajusta con propiedad a lo que se quiere señalar: un capitel que escamotea parcialmente los elementos que lo constituyen.

 

 

cesta del capitel corintio

Capitel corintio del templo romano de
Marte (ermita de Santa Eulalia o “El
Hornito”). Mérida (Badajoz). Siglo I a. e.

Capiteles con oficios. Portada oeste del m.º
benedictino de San Zoilo. Carrión de los
Condes (Palencia). Siglo XI.

Cestas con bestiario y vegetales. Claustro del m.º
premostratense de Santa María la Real. Aguilar
de Campoo (Palencia). Siglo XIII.

Cesta con entrelazados de cestería.
Capitel del pórtico de la iglesia de
San Pedro. Caracena (Soria). Siglo XII.

Capitel de la Matanza de los Inocentes. Ermita
de Santa Cecilia. Aguilar de Campoo (Palencia).
Siglo XII.

Adoración de los Magos. Pórtico de la iglesia
de Nuestra Señora de la Asunción. Duratón
(Segovia). 1203.

Semicesta doble (la lujuria es castigada
por una erinia). Claustro de San Pedro el
Viejo. Huesca. Siglo XIII.

Leones con cabeza humana. Interior de la
colegiata de San Pedro. Cervatos
(Cantabria). Siglo XII.

Sansón desquijarando al león. Iglesia de Sta.
Eufemia de Cozollos. Olmos de Ojeda
(Palencia). Siglo XII.

Monje recibiendo los diezmos y primicias
de una campesina. Claustro del monasterio
de Nuestra Señora de la Soterraña. Santa
María la Real de Nieva (Segovia). Finales
del siglo XIV.

Capiteles góticos con bestiario. Catedral de
Santa María de la Sede. Sevilla. Siglo XV.

Capiteles renacentistas del claustro del convento
de las Dueñas. Salamanca. 1533.

Capitel nazarí. La Alhambra. Granada.
Siglo XIV.

Cesta vegetal a trépano de capitel bizantino.
Basílica de Santa Sofía (de nuevo mezquita).
Estambul (Turquía). Siglo IX.

 

 

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