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Sillares y mampuestos

cisterciense

Ver también: tardorrománico  y protogótico

Término aplicado a la arquitectura medieval que la orden monástica del Císter —fundada en 1098 como reforma de vida y costumbres de la orden benedictina— propagó a partir del segundo tercio del siglo XII en el estricto ámbito de la arquitectura monacal, pero que tuvo especial incidencia en la etapa de transición del románico al gótico (1175-1250), caracterizada entre otras cosas por difundir a través de sus numerosas fundaciones el ya existente pero poco conocido arco ojival y la bóveda de crucería (ver este artículo). La sobriedad ornamental fue su bandera, optando por la ausencia de pinturas y a favor del simple revoque de muros y bóvedas. La fantasía reinante hasta entonces en portadas y capiteles fue suplantada por labras (1) geométricas o representaciones esquemáticas de tipo vegetal, al tiempo que se sustituía la escultura monumental (2) y el habitual cubrimiento de los paramento(1) con pinturas figurativapor un simple y desnudo encalado, unos sencillos canecillos anaceladoaspilleradesprovistas de abocinamientos ornamentados. La sobria espadaña venía por último a ocupar en la iglesia el sitio de la torre. Condición inexcusable de toda fundación cisterciense era el aislamiento social, por lo que sus cenobiose construían apartados de las poblaciones, con las cuales no mantenían ninguna relación, ni siquiera espiritual.

Todas estas notas específicas no constituyen para algunos expertos aval suficiente que eleve a la categoría de estilo (1) nuevo la reformulación artística del Císter, la cual quedaría según ellos circunscrita a un conjunto transitorio de reformas románicas al calor del naciente pero pujante arte gótico del norte de Francia, del cual los cistercienses, oriundos también de la septentrional Borgoña, tenían noticia de primera mano.

Los monjes blancos estaban muy lejos de imaginar entonces que las soluciones ojivales del gótico, aplicadas ya antes por los normandoy ahora adoptadas inocentemente por ellos de forma solo insinuante, llevaban implícito un imparable desarrollo de grandeza que en algo más de un siglo terminaría materializándose en construcciones cada vez más alejadas del espíritu fundacional de Citeaux y Claraval. Por otra parte, la ineludible y progresiva relajación en la observancia de la regla monástica no tardaría en reflejarse igualmente en el severo arte que propugnaban, de forma que la sencillez, severidad y sobriedad primigenias fueron poco a poco desterradas de las nuevas fundaciones cistercienses.

(Ver también este artículo.)

 

 

Sala capitular del monasterio de Santa María de
Iranzu. Abárzuza (Navarra). Siglo XII.

Capitel vegetal. Refectorio de donados.
Monasterio cisterciense de Santa María
de Huerta (Soria). Siglo XII.

Sala capitular del monasterio cisterciense de Santa
María de Piedra. Nuévalos (Zaragoza). Siglo XIII.

Iglesia del monasterio cisterciense de Rueda.
Sástago/Escatrón (Zaragoza). Siglo XII.

Capiteles vegetales. Monasterio cisterciense
femenino. Vallbona de las Monjas (Lérida).
Siglo XII.

Antigua sala de trabajos. M.º cisterciense de
Valbuena de Duero (Valladolid). Siglo XII.

 

 

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