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Sillares y mampuestos

jeroglífico

Del griego ἱερογλυφικός (yeroglifikós), compuesto de ἱερός (yerós), ‘sagrado’, y γλύφειν (glífein), ‘cincelar’ o ‘grabar’. Escritura que representa las palabras con figuras o símbolos que aluden directamente al significado, y no mediante signos fonéticos o alfabéticos. Frente a la abstracción del abecedario de la mayoría de las lenguas indoeuropeas y semíticas, la concreción figurativa de la escritura jeroglífica —propia de las primitivas civilizaciones del Oriente Medio, y muy especialmente de Egipto— evocaba esquemáticamente cosas reales: animales, personas y objetos cotidianos. El carácter sagrado que se le atribuye al jeroglífico no radica en la creencia de que solamente fuera leído e interpretado por los sacerdotes, ya que la realeza, los altos cargos y los escribas también conocían la escritura, sino en que tales signos se reservaban exclusivamente para templos y tumbas, lugares consagrados a los dioses.

Cuando la escritura jeroglífica perdió su sacro confinamiento, evolucionó hacia la escritura hierática, de rasgos más simples, hasta que terminó transformándose en demótica, con signos más estilizados y algunos lexemas griegos.

Anicónico.

 

 

Jeroglíficos de la cámara mortuoria de la
pirámide del faraón Teti. Necrópolis de
Saqqara. 2313 a. e.

Escritura hierática. Papiro Ani (del llamado
‘Libro de los Muertos’), procedente de una
tumba de Luxor. 1300 a. e. Museo Británico.

Escritura demótica. Piedra Rosetta (196 a. e.),
exhumada en 1799, fue traducida por el
historiador y lingüista Champollión en 1822.
Museo Británico. Londres.

 

 

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