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Sillares y mampuestos

jeroglífico

Del griego ἱερογλυφικός (yeroglifikós), compuesto de ἱερός (yerós), ‘sagrado’, y γλύφειν (glífein), ‘cincelar’ o ‘grabar’. Escritura egipcia que se formó al mismo tiempo que la escritura cuneiforme mesopotámica (hacia el 3300 a. e.) —precedidas ambas por los pictogramas semíticos—; se perfeccionó con las grandes dinastías y fue transformándose poco a poco en hierática, de rasgos más estilizados y simples, hasta derivar, a finales del siglo VII a. e., en escritura demótica, la cual trocó definitivamente los rasgos figurativos característicos de la escritura jeroglífica —muy desdibujados ya en la hierática—, por otros más abreviados y absolutamente lineales.

Los jeroglíficos se perpetuaron especialmente en el interior de los monumentos funerarios, en los templos y en los obeliscos. Con ellos se cubrían sarcófagos, paredes, techos y columnas, combinándose con pinturas y huecograbados (1) alusivos al más allá y con representaciones directas de los faraones y sus esposas, así como escenas de la vida social, laboral, cortesana y religiosa de la época. Los rasgos figurativos y simbólicos de los jeroglíficos eran verdaderas palabras y con ellas se componían textos completos. Frente a la abstracción de la escritura de la mayoría de las lenguas indoeuropeas, la concreción figurativa de la escritura jeroglífica evocaba esquemáticamente cosas reales: animales, personas y objetos cotidianos.

El carácter sagrado que se le atribuye al jeroglífico no radica en la creencia de que era leído solamente por los sacerdotes, ya que la realeza, los altos cargos y los escribas también conocían la escritura, sino en que tales signos se reservaban exclusivamente para los edificios y monumentos consagrados a los dioses. Fue precisamente la pérdida progresiva de este sacro confinamiento lo que llevó a la escritura jeroglífica a evolucionar hacia la escritura hierática, cada vez más presente en el ámbito jurídico-administrativo y en el comercio. No obstante, la importancia que durante tres milenios había acumulado el sistema de expresión jeroglífica se mantuvo intacto y activo, al tiempo que la escritura hiératica seguía su propio camino. Excepcionalmente —dada su tardía elaboración— las últimas manifestaciones de escritura jeroglífica se encuentran en el templo de Isis, de Filé —hoy en la isla de Agilkia—, datadas en el año 394 de nuestra era, bajo el Imperio romano.

AnicónicoExcisa.

 

 

Jeroglíficos de la cámara mortuoria de la pirámide
del faraón Teti. Necrópolis de Saqqara. 2313 a. e.

Obelisco de Tutmosis III (1479-1425 a. e.)
con jeroglíficos. Llevado por Teodosio
a Constantinopla en el año 390.

Escritura jeroglífica cursiva, primer paso para llegar
a la escritura hierática. Papiro Ani (del Libro de
los Muertos), tumba de Luxor. 1300 a. e.
Museo Británico.

Fragmento de escritura hierática. Se lee de dcha. a izqda.

Correspondencias verbales.

Escritura demótica. Piedra Rosetta (196 a. e.), exhumada
en 1799, fue traducida por el historiador y lingüista
Champollión en 1822. Museo Británico. Londres.

 

 

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