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Sillares y mampuestos

neomudéjar

Dentro de las corrientes europeas historicistas de los siglos XIX y XX, el estilo neomudéjar se asienta en la Península como el más representativo de las esencias artísticas nacionales. Si el mudéjar de los siglos XII-XVI fue para España el rasgo distintivo de su identidad en el arte de su tiempo —más aún que el plateresco o isabelino—, trescientos años más tarde el neomudéjar repristina aquel sentimiento, y surgen por doquier construcciones, civiles especialmente, que vuelven a beber en los fértiles veneros mudéjares y en las abundantes fuentes hispanoárabedel suelo patrio.

Como ya lo hiciera antaño el fundacional, este remozado mudéjar de ahora pone en el ladrillo visto la nota más característica de su estilo, consiguiendo con él efectos decorativos que rivalizan con los de la piedra labrada de otros monumentos historicistas. Y además combina el yeso (1) con elementos de sillería, imprimiendo a la obra mayor vistosidad y ritmo.

Ver también este artículo.

 

 

Palacete de los Navaja. Torremolinos (Málaga). 1925.

Estación del Ferrocarril. Toledo. 1919.

Ayuntamiento de Mora (Toledo). 1927.

Arco de Triunfo. Parque de la Ciudadela. Exposición
Universal de Barcelona. 1888.

Portada principal de la catedral de Teruel.
1909.

“Pabellón mudéjar”, hoy Museo de Artes y Costumbres
Populares de Sevilla. Exposición Iberoamericana
de 1929.

Ayuntamiento de Águilas (Murcia). Finales
del siglo XIX.

Plaza de toros de Las Ventas. Madrid. 1929.

Gran Teatro Falla. Cádiz. 1884-1905.