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Sillares y mampuestos

políptico

Calco del griego πολύπτυχος (polýptyjos, ‘de muchos pliegues’, pero es la πτυχήptijé o ptiké, ‘placa’ o ‘tabla’, la que está en el origen del término). Basta añadir a ‘ptico’ un prefijo de cantidad (poli-, di-, tri-)  para completar su significado.

Entre los romanos eran de uso frecuente las tablas articuladas con bisagras u otros enganches, que usaban para escribir o dibujar en ellas y transportaban fácilmente en las manos. Una vez amortizado el Imperio de Occidente, el uso de estas tablillas se prolongó en el arte bizantino de Oriente, que le dio un carácter religioso, y de allí volvió a sus orígenes con este carácter, donde arraigó y cobró auge como tal a partir del siglo XIV. Hoy los polípticos son exponente de un tiempo pasado y habitan la mayoría de nuestros museos.

Los más frecuentes son los dípticos, de dos hojas, y los trípticos, de tres. En cuanto al soporte, aunque los hay de nácar, marfil o esmalte con representaciones en relieve (1), son más abundantes los pintados sobre tabla, que proliferaron por su menor coste. Los de pequeño tamaño fueron objeto de devoción privada o doméstica, en tanto que los mayores sirvieron de retablo en oratorios  y ermitas. Con el primer  gótico se normalizó su uso y así comenzó la imparable devoción popular por los retablos cada vez más grandes.

 

 

Díptico gótico de la Pasión. Catedral de Oviedo.
Siglo XIV.

Tríptico italiano de Lorenzo Veneziano.
Museo Thyssen-Bornemisza. Madrid.
1359.

Tríptico del Nacimiento de Jesús, del Zarzoso.
Museo Nacional del Prado. 1450.

Políptico con escenas de la vida de la Virgen
María. Museo Nacional del Prado. 1445.

Díptico de la Pasión. Museo Lázaro Galdeano.
Madrid. Siglo XIV.

Tríptico del Descendimiento. Museo del Patriarca.
Valencia. Siglo XV.

 

 

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