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Sillares y mampuestos

políptico

Calco del griego πολύπτυχος (polýptychos, ‘de muchos pliegues’), pero es la πτυχή (ptijé o ptiké, ‘placa’ o ‘tabla’) la que está en el origen del término. Basta añadir a ‘ptico’ un prefijo de cantidad (poli-, di-, tri-)  para completar su significado.

Las tablas articuladas con bisagras u otros enganches usadas para escribir o grabar en ellas y fáciles de transportar con las manos ya era habitual entre los romanos. Se prolongó su uso en el arte bizantino, que le dio un carácter religioso, y de allí volvió a Occidente, donde arraigó y cobró auge a partir del siglo XIV. Hoy los polípticos son exponente de un tiempo pasado, y como tal pueblan la mayoría de nuestros museos.

Los más frecuentes son los dípticos, de dos hojas, y los trípticos, de tres. Aunque los hay de nácar, marfil o esmalte con representaciones en relieve, abundan sin embargo los pintados sobre tabla, tanto porque tenían menor coste como por ser fácilmente plegables para su transporte y custodia. Los de pequeño tamaño fueron objeto de devoción privada o doméstica, en tanto que los de mayor porte ocuparon muchas veces el lugar de los retablos, sobre todo en oratorios  y ermitas. El gótico inicial, por su parte, había introducido oficialmente este elemento en las iglesias, frente a la desnudez del románico, que nunca hizo uso de él.

 

 

Díptico romano del cónsul Apión. 539. Museo
Diocesano de la catedral de Oviedo.

Tríptico italiano de Lorenzo Veneziano.
Museo Thyssen-Bornemitza. Madrid.
1359.

Tríptico del Nacimiento de Jesús, del Zarzoso.
Museo del Prado. 1450.