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Sillares y mampuestos

protogótico

tardorrománico románico de transición

Sin la venia de algunos especialistas a quienes disgusta esta denominación, se llama así la etapa de transición del románico al gótico, caracterizada por las construcciones —iglesias principalmente— donde el arco ojival, la bóveda de cañón apuntado y la bóveda de crucería comparten espacio por primera vez con los habituales arcos románicos de medio punto y las bóvedas de arista, lo que permitirá mayor altura en los paramento(1) y mejor iluminación de los espacios. Abarca este periodo  —en el estricto ámbito de la arquitectura monástica, pues el gótico ya había eclosionado en las catedrales francesas un cuarto de siglo antes— más o menos desde 1175 hasta bien sobrepasado el primer cuarto del siglo XIII. Son sus involuntarios propagadores —desconocían que sus moderadas ojivas albergaban indefectiblemente el germen del gótico que censuraban— los austeros y reformadores monjes cistercienses. (Ver este artículo y este otro.)

 

 

bóveda de ojiva

Nave central mirando a los pies. Catedral
vieja de Lérida. Siglo XIII.

Monasterio premostratense de Santa Cruz de
la Zarza. Ribas de Campos (Palencia). 1176.

Capitel del arco triunfal de la iglesia de Santa María.
Retortillo (Cantabria). Último tercio del siglo XII.

Portada de la iglesia de la Asunción.
Tuesta (Álava). A caballo entre los
ss. XII y XIII.

Pila bautismal de la iglesia de Santa María del Puerto.
Santoña (Cantabria). Primer tercio del siglo XIII.

 

 

(clica encima de las imágenes)