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Sillares y mampuestos

rococó

Último periodo del estilo barroco, caracterizado por su decidida función decorativa, hasta el punto de quedar difuminados en muchos casos los límites entre lo arquitectónico y lo ornamental. Nació y se desarrolló en Francia durante el reinado de Luis XV (1730-1760) y se prolongó algo más en otros países europeos. Apócope de “rocaille” más “coquille” (rocas y conchas), llevó el barroco a la exquisitez, imprimiéndole una ornamentación más delicada, minuciosa y exótica, pero igualmente exuberante, que plasmaba en colores diá­fanos, suaves y claros. Se inspiró en la naturaleza, la mitología, la hermosura de los cuerpos desnudos, el arte oriental y especialmente los temas galantes y amorosos. Buscó la belleza mundana, despojada de todo atisbo religioso. Conceptualmente fue un estilo (1) individualista, anticonformista y cortesano. Sus temas preferidos giraban en torno a la vida diaria y las rela­ciones humanas, creando un clima social agradable, refinado y sensual. Por esta ‘frivolidad’ tan manifiesta, en la España de los sacrosantos barroquismos tuvo escasa presencia, y aun esta se procuró que no pareciera excesivamente ‘mundana’.

 

 

Salón Gasparini. Palacio Real o de Oriente.
Madrid. 1759.

Basílica pontificia de San Miguel. Madrid.
1745.

Rococó tardío del palacio del marqués de Dos Aguas
-1740- (Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias
“González Martí”). Valencia. 1867.

Iglesia de San Andrés o de San Juan de la Cruz. Valencia.
Siglo XVIII.

Palco Central del teatro Cuvilliés
o de la Residenz. Múnich. 1755.

Portada rococó de la catedral de Santa María. Murcia.
Siglo XVIII.

 

 

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