Capítulo I: Condición y ámbito vital del famoso hidalgo
Mi Quijote · Primera parte
Cervantes nos presenta a don Quijote (DQ) —bautizado como Alonso Quijano, nombre que solo se menciona al final de la novelaD1—, como un vecino peculiar de un pueblo de la submeseta manchega; un hidalgo cincuentón venido a menos, de complexión recia, seco de carnes y enjuto de rostro. Aunque de rebajada hidalguía, su indumentaria era atildada, con «sayo de velarte, calzas de velludo, pantuflos de lo mesmo y vellorí de lo más fino». Sus comidas, de lunes a jueves, eran la olla de carne de vaca a mediodía, y el más frío salpicón (carne picada, con especias) por la noche; el viernes comía lentejas, el sábado duelos y quebrantos, y el domingo añadía a la parca olla semanal algún pichón o palomino. A estas alturas de su vida, se había olvidado casi por completo de la caza; y de la administración de su hacienda apenas se ocupaba, entre otras razones porque había vendido ya demasiadas hanegadas de tierras de labrantío para comprar libros, su gran pasión.
Tres personas estaban a su servicio: su sobrina, que no llegaba a los veinte de edad, el ama de llaves, que superaba los cuarenta (al final de la segunda parte confesará que ya ha cumplido los cincuenta)D2, y un mozo de campo y plaza, que no vuelve a aparecerD3. Muy de pasada se nombran, entre los amigos que más lo frecuentaban, a dos personas singulares: el cura y el barbero del pueblo —el licenciado por Sigüenza Pedro Pérez y el maestro Nicolás, respectivamente—, cuya presencia y participación en la novela serán determinantes, especialmente en la primera parte, pero que ahora se citan nada más como compañeros de lecturas del hidalgo —con los que a menudo discutía acaloradamente sobre qué antiguo caballero andante era el más insigne y valeroso—, lecturas que serán el fundamento y la causa de los aconteceres que van a narrarse.
Nuestro hidalgo era, pues, tan dado a leer, «que se le pasaban las noches de claro en claro y los días de turbio en turbio». Leía sobre todo anticuados libros de caballerías, y con tal pasión, que terminó por identificarse con algunos de sus personajes —de los cuales este capítulo nos da un anticipo, pero que irán desfilando reiteradamente a lo largo de toda la obra—. Y a fuerza de lecturas, por temperamento y mal comer se le fue debilitando el cerebro, hasta llegar al desvarío de querer también él ser armado caballero andante y, a imitación de sus héroes, salir por los caminos a correr aventuras memorables. Como «don Quijote» a secas le pareció al leído Alonso Quijano un nombre sin prosapia, le añadió el topónimo «de la Mancha», siguiendo la costumbre de los caballeros más importantes, en especial su admirado Amadís de Gaula.
Unas herrumbrosas armas, herencia de sus antepasados —que descansaban en un oscuro rincón de la casa con moho y orín de siglos— iban a ser perennes compañeras suyas. Las limpió y aderezó lo mejor que pudo, con el propósito de usarlas en su descabellado proyecto, y a las que, por haberse perdido la celada, añadiría una de su propia industria, fabricada con cartón y reforzada con hierros, que sujetó bien con cuerdas a un morrión preexistente.
El flaco penco que en la cuadra se aburría le pareció ahora, por ser futuro compañero de magnas aventuras, que ni el Bucéfalo de Alejandro ni el Babieca del Cid le igualaban, por lo que habría de darle un nombre acorde con su grandeza; así, aquel revivido rocín vino a llamarse Rocinante. Como curiosidad, nada más empezar la novela se cita al lado de DQ «un galgo corredor»D4, un cuadrúpedo que no va a aparecer más en la obra.
A imitación de los usos y tradiciones de su siempre venerada caballería andante, quedará nuestro hidalgo indefectiblemente cautivo de la imaginada doncella amada, una anónima ilusión de juventud, de nombre Aldonza Lorenzo, natural del cercano pueblo toledano de el Toboso, a quien nuestro aspirante a caballero llamará Dulcinea, y adornará de todas las prendas que imaginar se pueda.
Despistes y curiosidades de este capítulo
- D1 El nombre Alonso Quijano no aparece hasta el final de la obra. (curiosidad) volver al texto
- D2 La edad del ama no cuadra con la que ella confiesa en la segunda parte. (contradicción) volver al texto
- D3 El mozo de campo y plaza no vuelve a aparecer. (olvido) volver al texto
- D4 El galgo corredor no vuelve a aparecer. (olvido) volver al texto
Índice de capítulos · Índice de despistes
Nota: esta página es un borrador para revisar cómo queda el capítulo antes de preparar los demás. Las marcas numeradas (D1, D2…) señalan los pasajes con un despiste o una curiosidad; cada marca lleva a su comentario en la lista del final, y desde allí «volver al texto» regresa al pasaje.