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Última actualización: 8 de agosto de 2020

 

  • ábaco
    1. Losa rectangular que integra el capitel coronándolo, sobre la que puede ir una imposta, un arquitrabe, un arco o una bóveda. En los capiteles clásico(1), por debajo de ábaco se sitúa el equino, una moldura lisa y gruesa, almohadillada para el capitel dórico y anular para el toscano, mientras una escocia o un simple listel con forma de S ocupa su lugar en los capiteles jónico y corintio. Con la llegada del románico, el equino recobró la importancia que había perdido, pero pasó a llamarse cimacio, al tiempo que el ábaco se vio a menudo absorbido por él o formando ambos un único sillar como pieza inseparable. Tablero (6).
    2. Espacio liso y sin ornamentar en los mosaicos y en las paredes revestidas con mármoles decorados (ábaco friso).

     

     

    ábaco dórico

    ábaco corintio

    lugar del ábaco en los órdenes clásicos

    Ábaco apenas perfilado en un potente y único
    cimacio para dos cestas entestadas. Claustro
    de Mas del Vent. Palamós (Gerona). Siglo XII.

    Ábaco insignificante formando bloque con un
    cimacio exuberante. Claustro de San Pedro el
    Viejo. Huesca. Siglo XIII.

    Villa romana de Río Verde. Marbella (Málaga).
    Siglos II-IV

     

     

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  • abocelado
    1. Con forma de bocel.
    2. Se dice de un todo arquitectónico cuando uno o varios boceles destacan en él, entre otras posibles molduras, como principal elemento decorativo. Las arquivolta(2) de los templos románicoy góticoson con frecuencia un buen ejemplo de abocelado.
    3. Cualquier elemento arquitectónico, por lo común decorativo, que sin ser directamente un bocel adopta esa forma.

     

     

    Vano del testero. Iglesia de San Esteban. Zamora.
    Siglo XII.

    Impostas aboceladas. Torre de la iglesia
    de San Pedro ad Víncula. Torralba de
    Aragón (Huesca). Mitad del siglo XVI.

    Portada gótica abocelada. Catedral de Gerona.
    Siglo XIV.

    Arquivolta de boceles y junquillos. Iglesia de San
    Lorenzo. Zorita del Páramo (Palencia). Siglo XII.

    Portada de la iglesia del monasterio de
    San Andrés de Arroyo. Santibáñez de
    Ecla (Palencia). SigloXII.

    Acceso a la sala capitular. Monasterio de San Andrés
    de Arroyo. Santibáñez de Ecla (Palencia). SigloXII.

     

     

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  • abocetado

    Que no se ha terminado de perfilar o presenta intencionadamente el aspecto de algo inacabado, apenas esbozado, con pretendidos fines artísticos.

     

     

    Museo de Ciencias Príncipe Felipe. Valencia.
    2000.

    Elogio del horizonte. Eduardo Chillida. Gijón
    (Asturias). 1990.

    Palacio de Congresos de Aragón. Zaragoza.
    2008.

    Escalera del puente de la Salve. Bilbao.
    1997.

    Domus (museo científico sobre el ser humano).
    La Coruña. 1995.

    La ciclista. Acera del Almudí (Plano de San
    Francisco). Antonio Campillo. Murcia. 2009.

     

     

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  • abocinado

    Se dice de un vano preferentemente curvo que acusa un ensanchamiento progresivo desde el punto de arranque, en proyección perpendicular al paramento (1), bien en el paño (3) exterior, bien en el interior, o en ambos. En el primer caso, el paradigma por excelencia del abocinamiento es la arquivolta (2), tan reiterada en las portadas románicas y góticas. El final del abocinamiento lo determina el enrasado con el muro; no forma por tanto parte de él la frecuente chambrana que en muchas arquivoltas corona el abocinamiento, sobresaliendo del paramento.  AspilleraCapialzadoDerrameSaeteraTronera (1).

     

     

    Vano abocinado. Iglesia de Ntra. Señora
    de la Natividad. Siglo XIII.

    Óculo abocinado de la iglesia de San Miguel.
    Caltojar (Soria). Siglo XIII.

    Arquivolta del real monasterio de monjas
    sanjuanistas de Villanueva de Sijena
    (Huesca). Siglo XII.

     

    Vano de la iglesia del M.º jerónimo de
    San Juan de Ortega. Barrios de Colina
    (Burgos). Siglo XII.

    Portada oeste o de Santiago. Iglesia de San Salvador.
    Cifuentes (Guadalajara). Siglo XIII.

    Portada de la iglesia de San Esteban.
    Sevilla. Comiemzos del siglo XV.

     

     

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  • ábside

    Proviene del griego ἀψίς, -ῖδος (apsis apsidós: ‘arco‘, ‘bóveda‘). En un templo, parte abovedada semicircular o poligonal (testero) que sobresale en la cabecera. Muy frecuente en el románico y el gótico, es sin embargo la continuación de lo que ya los romanoconocían como éxedra en las basílicas. Por lo dicho, el lector habrá advertido ya que el concepto «ábside» ha sufrido una desviación en su etimología y ahora denota sin reparo tanto la cabecera de base cilíndrica como la de trazado recto —por más que en, en honor a la precisión, se aboga por llamar ábside al circular y testero al que no lo es (ver este artículo)—. Tanto uno como otro pueden estar acompañados de ábsides más peque­ños (absidiolos), formando, según sea su número, un ábside tri, tetra, penta… -conque o -cónquido (ver triconque). Se habla de ábside o testero doble o escalonado cuando otro u otros ábsides más pequeños, se­micir­culares o rectangulares, se adhieren al mayor. Aun sin ser lo habitual, en el románico asistimos también a la combinación de testero (recto) y ábside (semicircular) en la misma cabecera y en ese orden. En algunas plantas de cruz latina vemos además otros absidiolos integrados en los brazos del transepto.  En todos los casos, la visión más definida y completa del ábside se obtiene desde el exterior.

    En la riqueza expresiva de la literatura románica, para designar el ábside central y los absidiolos se utilizan frecuentemente términos como cubo (4), cilindro (1), tambor (4), hemiciclo (2) —o cascarón absidial cuando el intradós del ábside presenta bóveda de horno—, que aun sin ajustarse estrictamente a su significado contribuyen a dotar al concepto de una mayor plasticidad.

    A veces el semicilindro absidal es precedido por una porción recta —ligeramente sobresalida o bien sin solución de continuidad— que forma con él un todo unívoco que llamamos «tramo presbiterial».

    Éxedra. Planta (1). Triconque.

    Ver también este artículo.

     

     

    Catedral de la Encarnación. Málaga. Siglo XVI.

    Ábside exterior de S. Juan de la Rabanera
    (Soria). Siglo XII. (Ábside con tramo recto.)

    Ábside mixto escalonado de San Félix de Barruera
    (Valle del Boí, Lérida). Siglo XII.

    Ábside policónquido escalonado de la
    catedral de Segovia. Siglos XVI-XVIII.

    Ábside triconque mixto. Iglesia de Santa María la
    Nueva. Zamora, Siglo XIII.

    Ábside de la iglesia de la Asunción.
    Santa María de Cayón (Cantabria).
    Finales del siglo XII.

    Ábside gótico. Convento de S. Francisco.
    Morella (Castellón). 1272.

    Iglesia San Juan Evangelista o ante Portam Latinam.
    Arroyo de la Encomienda (Valladolid). Siglo XII.

    Iglesia del m.º femenino cisterciense
    de Ferreira de Pantón (Lugo).
    Siglo XII.

     

     

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  • Ábside y testero son cabecera, pero con matices

     

    En la planta (1) de cruz latina de una iglesia distinguimos, por su analogía con la postura del Crucificado, los pies de la cabeza. Los pies son la parte del templo donde se halla generalmente la entrada principal, mientras que la cabeza se sitúa en el otro extremo, el más importante, allí donde se aposenta el presbiterio en torno al altar mayor. Es la cabecera, y hacia ella se dirigen todas las miradas. (Por su singularidad y escasa presencia en España, no entramos a considerar los templos con planta de cruz griega.) Obviando las diferencias, la analogía cristológica antes referida es transferible igualmente a otras iglesias de planta no cruciforme.

    Vista desde el interior del templo la cabecera, puede que no percibamos bien su verdadero trazado; pero observada desde fuera —siempre que no esté adosada a otros edificios y por tanto encubierta—, presenta, en especial la románica y la gótica, dos diseños fundamentales: el semicircular o cilíndrico y el plano o poligonal. Al primero lo llamamos ábside, del griego ἀψίς, –ῖδος (apsis apsidós: ‘arco‘, ‘bóveda‘) y al segundo, que no contiene esfericidad alguna, testero (del latín tardío testa -ae, ‘parte superior de cabeza’). Adosados tanto a uno como a otro puede haber absidiolos, o sea, protuberancias arquitectónicas —cubos (4) o cilindros (1)— casi siempre con la misma forma geométrica que el ábside o el testero, pero generalmente más pequeños. Está claro que en el caso del testero es impropio hablar de absidiolos porque —salvo raras excepciones— dichas protuberancias, si las tiene, no son curvilíneas, pero a falta de mejor nombre es este el que se usa comúnmente.

    Hay también cabeceras mixtas que armonizan testero y ábside, en ese orden, y al gran testero poligonal, a veces escalonado, se le adhieren también escalonadamente uno o más ábsides de menor tamaño. Este mismo diseño puede repetirse en los absidiolos.

    La porción recta que, algo sobresalida o bien sin interrupción mural, algunas veces precede al semicírculo absidal —el llamado «tramo presbiterial»— no se considera testero, pero sí parte integrante y unívoca del ábside.

    Como queda dicho, desde donde mejor se aprecia este juego de volúmenes es desde el exterior, ya que dentro de la iglesia pueden quedar desdibujados.

    Por último, se registran casos en que un absidiolo —pocas veces un ábside— de planta y alzado (3) semicirculares en el intradós (1) se traduce en testero recto al exterior.

    Expuestos estos matices, no nos extrañemos si oímos, incluso a expertos, hablar indistintamente de ábside y testero con valor de cabecera. Pero nos chirriarán los oídos o quedarán deslumbrados nuestros ojos al oír o leer frases como esta: “…se define el exterior del testero del ábside…”.

    Ver también este artículo.

    (Para entender mejor los pies de foto de algunos monumentos que siguen a continuación puede consultarse la entrada triconque.)

     

     

    ábside triconque
    Santa María la Real de Irache. Ayegui (Navarra).
    Siglo XII.

    ábside simple
    Iglesia de Santa María de Villamayor
    (Piñola, Asturias), centro cultural.
    Siglo XI.

    ábside con cuatro absidiolos
    Iglesia de Santa María de Azogue. Benavente (Zamora).
    Siglo XIII.

    testero simple
    Santa Leocadia. Helguera (Molledo, Cantabria).
    Siglo X.

    testero triconque uniforme
    Santiago del Burgo. Zamora. Siglo XIII.

    ábside triconque mixto
    Iglesia de Santa Coloma. Albendiego (Guadalajara).
    Siglo XIII.

    testero mixto
    Iglesia de Santa María. Artíes (valle de Arán, Lérida).
    Siglo XII.

    ábside gótico tricónquido
    Iglesia del convento de Santo Domingo.
    Ribadavia (Orense). Siglo XIII.

    ábside policónquido escalonado mixto
    Iglesia del monasterio cisterciense de Sta. María de
    Armenteira. Meis (Pontevedra). Siglo XII.

     

     

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  • absidiolos

    o absidiola (en singular: absidiolo)

    En la cabecera de un templo, ábsides laterales de igual o menor flecha (1) que el ábside central, al que se adhieren o rodean en número generalmente par, y de luz por lo común más reducida. En su interior cobijan casi siempre una capilla; con frecuencia, sin embargo, alguno de ellos aloja la pila (4) bautismal. Aunque para las cabeceras planas preferimos utilizar el término testero, no es infrecuente que, a falta de mejor nombre, también nosotros usemos el de absidiolos para referirnos a los cubos (4) poligonales que a veces las acompañan.

    En la arquitectura románica abunda sobre todo la cabecera triconque o tricónquide, formada por un ábside principal y dos absidiolos o un testero triple. En cabeceras más complejas los ábsides y absidiolos se multiplican y se disponen escalonadamente, combinándose incluso con testeros que los alojan en su seno.

    En las plantas de cruz latina es frecuente que todos o alguno de los absidiolos formen parte de los brazos del  transepto.

    Ver también este artículo.

     

     

    Cabecera policónquida del M.º de Moreruela.
    La Granja de Moreruela (Zamora). Siglo XII.

    Interior de la cabecera de la iglesia del
    monasterio de Moreruela. La Granja de
    Moreruela (Zamora). Siglo XII.

    Cabecera triconque de la iglesia de San Martín.
    Frómista (Palencia). Siglos XI y XIX.

    Interior de la cabecera poliabsidial (semicircular
    por dentro y poligonal por fuera) de la basílica
    del Salvador. Burriana (Castellón). Siglo XIII.

    Cabecera con ábside y cinco absidiolos. Iglesia
    de Santa María. Cambre (La Coruña). Siglo XII.

    Cabecera pentacónquide mixta. Iglesia de Santa
    María. Monasterio cisterciense de Valbuena
    de Duero (Valladolid). Siglo XII.

    Excepción al uso par de los absidiolos. Iglesia de
    San Millán. Segovia. Principios del siglo XII.

    Uno de los cuatro absidiolos de la iglesia
    del monasterio cisterciense de Veruela.
    Vera de Moncayo (Zaragoza). 1145.

    Rareza románica: ábside menor que los absidiolos.
    Iglesia del m.º benedictino de Santo Estevo de
    Ribas de Sil. Noguera de Ramuin (Orense). Siglo XIII.

     

     

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  • abujardado

    o apomazado o aclarado

    Efecto rugoso y homogéneo, de 1 a 3 mm de profundidad, que se produce sobre la superficie de un sillar al percutir sobre él la bujarda (1). Se utiliza en fachadapara ‘aclarar’ el tono general de la piedra, y en suelos para hacerlos antideslizantes.

     

     

    después y antes del abujardado

    sistema mecánico de abujardado

    muestra de distintos tonos de ‘aclarado’

    piedra natural abujardada en fachada

    el adoquín ofrece un abujardado natural

    escalones abujardados

     

     

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    Última actualización: 8 de agosto de 2020