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Última actualización: 19 de septiembre de 2021

 

  • ábaco
    1. En los órdenes (1) clásicos (1), sillar o losa  rectangular que corona el capitel y del cual forma parte. Sobre él puede ir una imposta, un arquitrabe, un arco o una bóveda. En los capiteles dórico toscano el ábaco destaca por su grosor. Por debajo de él se sitúa el equinomoldura lisa y gruesa, almohadillada en el capitel dórico y anular en el toscano. En los capiteles jónico y corintio, el equino se transforma en una composición llena de fantasía, a cual más diversa en cada uno de ellos, acaparando todo el protagonismo del capitel, mientras el ábaco queda reducido a uno o dos tableros (6) sobrepuestos, muy delgados y apenas moldurados. Tampoco con el románico recuperó el ábaco la prestancia que había perdido, quedando ahora a merced de un todopoderoso cimacio, que en ocasiones llegó incluso a absorberlo.
    2. Espacio liso y sin ornamentar, cual friso (4) vacío, en torno a los mosaicos y las paredes revestidas con mármoles decorados.

     

     

    ábaco dórico

    ábaco corintio

    el ábaco en los órdenes clásicos

    Ábaco apenas perfilado en un potente y único
    cimacio para dos cestas entestadas. Claustro
    de Mas del Vent. Palamós (Gerona). Siglo XII.

    Ábaco insignificante formando bloque con un
    cimacio exuberante. Claustro de San Pedro el
    Viejo. Huesca. Siglo XIII.

    Villa romana de Río Verde. Marbella (Málaga).
    Siglos II-IV

     

     

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  • abocelado
    1. Con forma de bocel.
    2. Se dice de un todo arquitectónico cuando uno o varios boceles destacan en él, entre otras posibles molduras, como principal elemento decorativo. Las impostas y las arquivoltas (2) de los templos románicos y góticos son con frecuencia un buen ejemplo de abocelado.
    3. Cualquier elemento arquitectónico, por lo común decorativo, que sin ser directamente un bocel adopta esa forma.

     

     

    Vano del testero. Iglesia de San Esteban. Zamora.
    Siglo XII.

    Impostas aboceladas. Torre de la iglesia
    de San Pedro ad Víncula. Torralba de
    Aragón (Huesca). Mitad del siglo XVI.

    Portada gótica abocelada. Catedral de Gerona.
    Siglo XIV.

    Arquivolta de boceles y junquillos (1). Iglesia de San
    Lorenzo. Zorita del Páramo (Palencia). Siglo XII.

    Portada de la iglesia del monasterio de
    San Andrés de Arroyo. Santibáñez de
    Ecla (Palencia). 1218.

    Acceso a la sala capitular. Monasterio de San Andrés
    de Arroyo. Santibáñez de Ecla (Palencia). 1200.

     

     

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  • abocetado

    Que no se ha terminado de perfilar o presenta intencionadamente el aspecto de algo inacabado, apenas esbozado, con pretendidos fines artísticos. Arte conceptual.

     

     

    Museo de Ciencias Príncipe Felipe. Valencia.
    2000.

    Elogio del horizonte. Gijón (Asturias). 1990.

    Palacio de Congresos de Aragón. Zaragoza.
    2008.

    Escalera del puente de la Salve. Bilbao.
    1997.

    Domus (museo científico sobre el ser humano).
    La Coruña. 1995.

    La ciclista. Acera del Almudí. Murcia. 2009.

     

     

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  • abocinado

    Se dice de un vano preferentemente curvo que acusa un ensanchamiento progresivo desde el punto de arranque —de dentro a fuera—, en proyección perpendicular al paramento (1), bien en el paño (3) exterior, bien en el interior, o en ambos. En el primer caso, el paradigma por excelencia del abocinamiento es la arquivolta (2), tan reiterada en las portadas románicas y góticas. El final del abocinamiento lo determina el enrasado con el muro; no forma por tanto parte de él la frecuente chambrana que en muchas arquivoltas lo enmarca, sobresaliendo del paramento (ver este artículo).

    Arco abocinado. AspilleraCapialzadoDerrameSaeteraTronera (1).

     

     

    Vano abocinado. Iglesia de Ntra. Señora
    de la Natividad. Arcas (Cuenca). Siglo XIII.

    Óculo abocinado de la iglesia de San Miguel.
    Caltojar (Soria). Siglo XIII.

    Arquivolta del real monasterio de monjas
    sanjuanistas de Villanueva de Sijena
    (Huesca). Siglo XII.

    Portada oeste o de Santiago. Iglesia de San
    Salvador. Cifuentes (Guadalajara). Siglo XIII.

    Portada de la iglesia de San Esteban.
    Sevilla. Comiemzos del siglo XV.

    Vano del ábside. Iglesia del monasterio jerónimo
    de S. Juan de Ortega. Barrios de Colina (Burgos).
    Siglo XII.

     

     

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  • ábside

    Proviene del griego ἀψίς, -ῖδος (apsis apsidós: ‘arco‘, ‘bóveda‘). En un templo, es la parte abovedada semicircular o poligonal (testero) que sobresale en la cabecera. Muy frecuente en el románico y el gótico, es sin embargo la continuación de lo que ya los romanos conocían como éxedra en las basílicas. Por lo dicho, el lector habrá advertido ya que el concepto «ábside» ha sufrido una desviación en su etimología y ahora denota sin reparo tanto la cabecera de base cilíndrica como la de trazado poligonal —por más que en, en honor a la precisión, abogamos por llamar ábside al circular y testero al recto (ver este artículo)—.

    El ábside, al igual que otros cuerpos (1), presenta una cara exterior o trasdós (4) y otra interior o intradós (1); ambas reciben el nombre de ábside, aun cuando su configuración arquitectónica —ornamental sobre todo— pueda ser muy diferente.

    Tanto la cabecera semicircular como la de base rectangular pueden estar acompañadas de otros ábsides más peque­ños (absidiolos), formando, según sea su número, un ábside tri, tetra, penta… -conque o -cónquido (ver triconque). Se habla además de ábside o testero doble o escalonado cuando otro u otros ábsides menores, se­micir­culares o cuadrados, se adhieren al mayor. Aun sin ser lo habitual, en las cabeceras románicas asistimos también a la combinación de testero (poligonal) seguido de ábside (semicircular). En algunas plantas de cruz latina vemos, por último, otros absidiolos integrados en los brazos del transepto.

    A veces el semicilindro absidal es precedido por una porción recta —ligeramente sobresalida o bien sin solución de continuidad— que forma unidad con él; lo llamamos «tramo presbiterial».

    En todos los casos, la visión más definida y completa del ábside se obtiene desde el exterior del templo, toda vez que la perspectiva de la cabecera desde dentro puede quedar enmascarada.

    En la riqueza expresiva de la literatura románica, para designar el ábside central y los absidiolos semiesféricos se utilizan frecuentemente términos como cubo (4), cilindro, tambor (4), hemiciclo (2) —o cascarón absidial cuando el intradós del ábside presenta bóveda de horno—, que aun sin ajustarse estrictamente a su significado contribuyen a dotar al concepto de una mayor plasticidad.

    Éxedra. Planta (1). Triconque.

    Ver también este artículo.

     

     

    Cabecera poligonal de la catedral de la Encarnación.
    Málaga. Siglo XVI.

    Ábside con tramo recto. San Juan de la
    Rabanera (Soria). Siglo XII.

    Ábside mixto escalonado de San Félix de Barruera
    (Valle del Boí, Lérida). Siglo XII.

    Ábside policónquido escalonado de la
    catedral de Segovia. Siglos XVI-XVIII.

    Ábside triconque mixto. Iglesia de Santa María la
    Nueva. Zamora, Siglo XIII.

    Iglesia de la Asunción. Santa María de
    Cayón (Cantabria). Finales del siglo XII.

    Iglesia del monasterio femenino cisterciense de
    Ferreira de Pantón (Lugo). Siglo XII.

    Ábside gótico. Convento de S. Francisco.
    Morella (Castellón). 1272.

    Ábside con tramo recto de la iglesia de San Juan
    Evangelista o ante Portam Latinam. Arroyo de la
    Encomienda (Valladolid). Siglo XII.

     

     

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  • Ábside y testero son cabecera, pero con matices

     

    En la planta (1) de cruz latina de una iglesia distinguimos, por su analogía con la postura del Crucificado, los pies de la cabeza. Los pies son la parte del templo donde se halla generalmente la entrada principal, mientras que la cabeza se sitúa en el otro extremo, el más importante, allí donde se aposenta el presbiterio en torno al altar mayor. Es la cabecera, y hacia ella se dirigen todas las miradas. (Por su singularidad y escasa presencia en España, no entramos a considerar los templos con planta de cruz griega.) Obviando las diferencias, la analogía cristológica antes referida es transferible igualmente a otras iglesias de planta no cruciforme.

    Vista desde el interior del templo la cabecera, puede que no percibamos bien su verdadero trazado; pero observada desde fuera —siempre que no esté adosada a otros edificios y por tanto encubierta—, presenta, en especial la románica y la gótica, dos diseños fundamentales: el semicircular o cilíndrico y el plano o poligonal. Al primero lo llamamos ábside, del griego ἀψίς, –ῖδος (apsis apsidós: ‘arco‘, ‘bóveda‘) y al segundo, que no contiene esfericidad alguna, testero (del latín tardío testa -ae, ‘parte superior de cabeza’). Adosados tanto a uno como a otro puede haber absidiolos, o sea, protuberancias arquitectónicas —cubos (4) o cilindros (1)— casi siempre con la misma forma geométrica que el ábside o el testero, pero generalmente más pequeños. Está claro que en el caso del testero es impropio hablar de absidiolos porque —salvo raras excepciones— dichas protuberancias, si las tiene, no son curvilíneas, pero a falta de mejor nombre es este el que se usa comúnmente.

    Hay también cabeceras mixtas que armonizan testero y ábside, en ese orden, y al gran testero poligonal, a veces escalonado, se le adhieren también escalonadamente uno o más ábsides de menor tamaño. Este mismo diseño puede repetirse en los absidiolos.

    La porción recta que, algo sobresalida o bien sin interrupción mural, algunas veces precede al semicírculo absidal —el llamado «tramo presbiterial»— no se considera testero, pero sí parte integrante y unívoca del ábside.

    Como queda dicho, desde donde mejor se aprecia este juego de volúmenes es desde el exterior, ya que dentro de la iglesia pueden quedar desdibujados.

    Por último, se registran casos en que un absidiolo —pocas veces un ábside— de planta y alzado (3) semicirculares en el intradós (1) se traduce en testero recto al exterior.

    Expuestos estos matices, no nos extrañemos si oímos, incluso a expertos, hablar indistintamente de ábside y testero con valor de cabecera. Pero nos chirriarán los oídos o quedarán deslumbrados nuestros ojos al oír o leer frases como esta: “…se define el exterior del testero del ábside…”.

    Ver también este artículo.

    (Para entender mejor los pies de foto de algunos monumentos que siguen a continuación puede consultarse la entrada triconque.)

     

     

    ábside triconque
    Santa María la Real de Irache. Ayegui (Navarra).
    Siglo XII.

    ábside simple
    Iglesia de Santa María de Villamayor
    (Piñola, Asturias), centro cultural.
    Siglo XI.

    ábside con cuatro absidiolos
    Iglesia de Santa María de Azogue. Benavente (Zamora).
    Siglo XIII.

    testero simple
    Santa Leocadia. Helguera (Molledo, Cantabria).
    Siglo X.

    testero triconque uniforme
    Santiago del Burgo. Zamora. Siglo XIII.

    ábside triconque mixto
    Iglesia de Santa Coloma. Albendiego (Guadalajara).
    Siglo XIII.

    testero mixto
    Iglesia de Santa María. Artíes (valle de Arán, Lérida).
    Siglo XII.

    ábside gótico tricónquido
    Iglesia del convento de Santo Domingo.
    Ribadavia (Orense). Siglo XIII.

    ábside policónquido escalonado mixto
    Iglesia del monasterio cisterciense de Sta. María de
    Armenteira. Meis (Pontevedra). Siglo XII.

     

     

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  • absidiolos

    o absidiola (en singular: absidiolo)

    En la cabecera de un templo, ábsides laterales de igual o menor flecha (1) que el ábside central, al que se adhieren o rodean en número generalmente par, y de luz por lo común más reducida. En su interior cobijan casi siempre una capilla; con frecuencia alguno de ellos aloja la pila (4) bautismal. Aunque para las cabeceras planas preferimos en este glosario utilizar el término testero, no es infrecuente que, a falta de mejor nombre, también nosotros usemos el de absidiolos para referirnos a los cubos (4) poligonales que a veces las acompañan.

    En la arquitectura románica abunda sobre todo la cabecera triconque o tricónquide, formada por un ábside principal y dos absidiolos o un testero triple. En cabeceras más complejas los ábsides y absidiolos se multiplican y se disponen escalonadamente, combinándose incluso con testeros que los reciben en su seno.

    En las plantas de cruz latina a menudo todos o alguno de los absidiolos forman parte de los brazos del  transepto.

    Son infrecuentes los ábsides con solo dos cilindros, ambos del mismo tamaño o uno con forma de absidiolo. Rara vez responde dicha traza al proyecto original, bien porque se añadió un segundo cubo al dotar posteriormente a la primitiva iglesia de otra nave, bien porque una torre campanario u otra cosa vino un día a ocupar el lugar de uno de los dos absidiolos preexistentes. En las siguientes poblaciones hay iglesias que presentan ábsides románicos con las características descritas: Basarán (Broto, Huesca)Cerbón (Soria)Lasieso (Huesca)Manquillos (Palencia)Villaconancio (Palencia)Villaute (Burgos) y Udalla (Cantabria).

    Ver también este artículo.

     

     

    Cabecera policónquida del m.º de Moreruela.
    La Granja de Moreruela (Zamora). Siglo XII.

    Interior de la cabecera de la iglesia del m.º
    de Moreruela. La Granja de Moreruela
    (Zamora). Siglo XII.

    Cabecera triconque de la iglesia de San Martín.
    Frómista (Palencia). Siglos XI y XIX.

    Interior de la cabecera poliabsidal (semicircular
    por dentro y poligonal por fuera) de la basílica
    del Salvador. Burriana (Castellón). Siglo XIII.

    Cabecera con ábside y cinco absidiolos. Iglesia
    de Santa María. Cambre (La Coruña). Siglo XII.

    Cabecera pentacónquide mixta. Iglesia de Santa
    María. Monasterio cisterciense de Valbuena
    de Duero (Valladolid). Siglo XII.

    Excepción al uso par de los absidiolos. Iglesia de
    San Millán. Segovia. Principios del siglo XII.

    Uno de los cuatro absidiolos de la iglesia
    del monasterio cisterciense de Veruela.
    Vera de Moncayo (Zaragoza). 1145.

    Rareza románica: ábside menor que los absidiolos.
    Iglesia del m.º benedictino de Santo Estevo de
    Ribas de Sil. Noguera de Ramuin (Orense). Siglo XIII.

    Iglesia de San Julián y Santa Basilisa. Siglo XIII.
    Villaconancio (Palencia). En el siglo XV la torre
    suplantó al absidiolo de la izquierda.

    Iglesia de Santa Marina. Udalla (Cantabria). Dos
    naves y dos ábsides iguales en origen. Finales
    del siglo XIII.

    Iglesia de San Martín Obispo. Villaute (Burgos).
    Siglo XII. En el siglo XIII se añadió la nave de la
    izquierda y su ábside.

     

     

    ♣ (clica encima de las imágenes)

     

  • abujardado

    o apomazado o aclarado

    Efecto rugoso y homogéneo, de 1 a 3 mm de profundidad, que se produce sobre la superficie de un sillar al percutir sobre él la bujarda (1). Se utiliza en fachadas  para ‘aclarar’ el tono general de la piedra, y en suelos para hacerlos antideslizantes.

     

     

    abujardado fino y grueso

    distintos tonos de ‘aclarado’

    abujardado manual y mecánico

    revestimiento de piedra natural abujardada

    abujardado fino en losetas

    escalones abujardados antideslizantes

     

     

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    Última actualización: 19 de septiembre de 2021