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Última actualización: 19 de agosto de 2018

 

 

  • ábaco
    1. Losa rectangular que corona el capitel y sobre la que puede ir una imposta, un arquitrabe, un arco o una bóveda. Inmediato e inferior al ábaco suele haber un cimacio, llamado equino en los órdenes dórico toscano. Algunos tratadistas consideran el ábaco como una parte del cimacio, habida cuenta de que, especialmente en el románico, conforman innumerables veces un único sillar. Tablero (6).
    2. Espacio liso y sin ornamentar en los mosaicos y en las paredes decoradas con mármoles (ábaco friso).

     

     

    ábaco dórico

    ábaco corintio

    ábaco en friso
    Villa romana de Santa Rosa. Córdoba. Siglo IV.

  • abocelado
    1. Con forma de bocel.
    2. Se dice de un todo cuando uno o varios boceles destacan en él, entre otras posibles molduras, como principal elemento decorativo.

     

     

    Vano abocinado con boceles labrados. Iglesia de San
    Pantaleón. Losa (Burgos). Siglo XII.

    Portada occidental de la iglesia del Salvador.
    Tirgo (Burgos). Siglo XII.

    Pórtico oeste de la iglesia de San Salvador. Luesia
    (Zaragoza). Siglo XII.

  • abocetado

    Que no se ha terminado de perfilar, o se presenta intencionadamente inacabado con un pretendido fin artístico.

     

     

    Elogio del horizonte. Eduardo Chillida. Gijón
    (Asturias). 1990.

    Escalera del puente de la Salve. Bilbao.
    1997.

    La ciclista. Acera del Almudí (Plano de San
    Francisco). Antonio Campillo. Murcia. 2009.

  • abocinado

    Se dice de un vano preferentemente curvo que acusa un ensanchamiento progresivo desde el punto de arranque, en proyección perpendicular al paramento (1), bien en el paño (3) exterior, bien en el interior, o en ambos. En el primer caso, el paradigma por excelencia del abocinamiento es la arquivolta, tan reiterada en las portadas románicas y góticasAspilleraCapialzadoDerrameSaeteraTronera.

     

     

    Vano abocinado de la iglesia de
    San Juan Bautista. Alba de Tormes
    (Salamanca). 1200.

    abocinado2

    Óculo abocinado de la iglesia de San Miguel.
    Caltojar (Soria). Siglo XIII.

    Arquivolta del real monasterio de monjas
    sanjuanistas de Villanueva de Sijena (Huesca).
    Siglo XII.

  • ábside

    Proviene del griego ἀψίς, -ῖδος (apsis apsidós: ‘arco‘, ‘bóveda‘). En un templo, parte abovedada semicircular o poligonal (testero) que sobresale en la cabecera. Muy frecuente en el románico y el gótico, es sin embargo la continuación de lo que ya los romanos conocían como éxedra en las basílicas. Puede estar acompañado de ábsides más peque­ños o absidiolos —integrados a veces, en las plantas de cruz latina, en los brazos del transepto— formando, según sea su número, un ábside tri, tetra, penta… -conque o -cónquido. Se habla de ábside o testero doble o escalonado cuando otro u otros ábsides más pequeños, se­micir­culares o rectangulares, sobresalen del mayor. Aun sin ser lo habitual, en el románico asistimos también a la combinación de testero (recto) y ábside (semicircular) en la misma cabecera y en ese orden. La visión más definida y completa del ábside se obtiene desde el exterior.

    En la riqueza expresiva de la literatura románica, para designar el ábside central y los absidiolos se usan con frecuencia términos como cubo (2), cilindro, hemiciclo, tambor (4), que  aun sin ajustarse estrictamente a su significado contribuyen a dotar al concepto de una mayor plasticidad.

    A veces el semicilindro absidal es precedido por una porción recta —ligeramente sobresalida o bien sin solución de continuidad— que forma con él un todo unívoco que llamamos «tramo presbiterial».

    Éxedra. Planta (1). Triconque.

    Ver también este artículo.

     

     

    Exterior del ábside de S. Juan de la Rabanera
    (Soria). Siglo XII. (Ábside con tramo recto.)

    Ábside mixto escalonado de San Feliu de
    Barruera (Valle del Boí, Lérida). Siglo XII.

    Ábside triconque mixto. Iglesia de Santa María
    la Nueva. Zamora, Siglo XIII.

    Triple ábside. Iglesia prerrománica de San Julián
    de los Prados. Oviedo. 840.

    Ábside románico de la iglesia del
    monasterio cisterciense de La Oliva.
    Carcastillo (Navarra). Siglo XII.

    Ábside policónquido escalonado de la catedral
    de Segovia. Siglos XVI-XVIII.

    Iglesia San Juan Evangelista o ante Portam Latinam.
    Arroyo de la Encomienda (Valladolid). Siglo XII.

    Iglesia de Santa María. Monasterio femenino
    cisterciense de Ferreira de Pantón (Lugo).
    Siglo XII.

    Iglesia de San Pedro de Vilanova. Dozón
    (Pontevedra). Siglo XII.

  • Ábside y testero son cabecera, pero con matices

     

    En la planta (1) de cruz latina de una iglesia distinguimos, por su analogía con la postura del Crucificado, los pies de la cabeza. Los pies son la parte del templo donde se halla generalmente la entrada principal, mientras que la cabeza se sitúa en el otro extremo, el más importante, allí donde se aposenta el presbiterio en torno al altar mayor. Es la cabecera, y hacia ella se dirigen todas las miradas. Obviando las diferencias, esta analogía es transferible igualmente a otras iglesias de planta no cruciforme.

    Vista la cabecera desde el interior del templo, puede que no percibamos bien su verdadero trazado; pero observada desde fuera —siempre que no esté adosada a otros edificios y por tanto encubierta—, la cabecera, en especial la románica y la gótica, presenta fundamentalmente dos diseños: el semicircular o cilíndrico y el plano o poligonal. Al primero lo llamamos ábside, del griego ἀψίς, –ῖδος (apsis apsidós: ‘arco‘, ‘bóveda‘) y al segundo, que no contiene esfericidad alguna, testero. Adosados tanto a uno como a otro puede haber absidiolos, o sea, protuberancias arquitectónicas [cubos (2)] casi siempre con la misma forma geométrica que el ábside o el testero, pero generalmente más pequeños. Está claro que en el caso del testero es impropio hablar de absidiolos porque —salvo raras excepciones— dichas protuberancias, si las tiene, no son curvilíneas, pero a falta de mejor nombre es este el que se usa.

    Hay también cabeceras mixtas que armonizan testero y ábside, en ese orden, y al gran testero poligonal, a veces escalonado, se les adhieren también escalonadamente uno o más ábsides de menor tamaño. Este mismo diseño puede repetirse en los absidiolos.

    La porción recta que algunas veces precede, algo sobresalida o bien sin interrupción mural, al semicírculo absidal —el llamado «tramo presbiterial»— no se considera testero, pero sí parte integrante y unívoca del ábside.

    Como queda dicho, desde donde mejor se aprecia este juego de volúmenes es desde el exterior, ya que dentro de la iglesia pueden quedar desdibujados.

    Por último, se registran casos en que un absidiolo —rara vez un ábside— de planta y alzado semicirculares en el intradós se traduce en testero recto al exterior.

    Expuestos estos matices, no nos extrañemos si oímos, incluso a expertos, hablar indistintamente de ábside y testero. Pero nos chirriarán los oídos o quedarán deslumbrados nuestros ojos al oír o leer respectivamente frases como esta: “…se define el exterior del testero del ábside…”.

    (Para entender mejor los pies de foto de algunos monumentos que siguen a continuación, puede consultarse la entrada triconque.)

     

     

    Ábside simple Santa María de Villamayor
    (Piñola, Asturias), hoy centro cultural. Siglo XI.

    ábside con cuatro absidiolos
    Santa María de Azoque. Benavente (Zamora).
    Siglo XII.

    testero simple
    Santa Leocadia. Helguera (Molledo, Cantabria).
    Siglo X.

    ábside triconque mixto
    Iglesia de Santa Coloma. Albendiego (Guadalajara).
    Siglo XIII.

     

    testero triconque uniforme
    Santiago del Burgo. Zamora. Siglo XII.

    testero mixto
    Iglesia de Santa María. Artíes (valle de Arán,
    Lérida). Siglo XII.

    ábside policónquido escalonado mixto
    Iglesia del M.º cisterciense de Santa María de
    Armenteira. Meis (Pontevedra). Siglo XII.

    ábside triconque
    Santa María la Real de Irache. Ayegui (Navarra).
    Siglo XII.

    NOES cabecera8

    ábside gótico tricónquido
    Iglesia del convento de Santo Domingo.
    Ribadavia (Orense). Siglo XIII.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

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  • absidiolos

    o absidiola (en singular: absidiolo)

    En la cabecera de un templo, ábsides laterales de igual o menor flecha que el ábside central, al que se adhieren en número generalmente par, y de luz por lo común más reducida. En su interior cobijan casi siempre una capilla; con frecuencia, sin embargo, alguno de ellos aloja la pila (3) bautismal. Aunque para las cabeceras planas preferimos utilizar el término testero, no es infrecuente que, a falta de mejor nombre, también nosotros usemos el de absidiolos para referirnos a los cubos (2) que a veces las acompañan.

    En la arquitectura románica abunda sobre todo la cabecera triconque o tricónquide, formada por un ábside principal y dos absidiolos o un testero triple. En cabeceras más complejas los ábsides y absidiolos se multiplican y se disponen escalonadamente, combinándose incluso con testeros que los alojan en su seno.

    En las plantas de cruz latina es frecuente que todos o alguno de los absidiolos formen parte de los brazos del  transepto.

    Ver también este artículo.

     

     

    Cabecera policónquida del M.º de Moreruela.
    La Granja de Moreruela (Zamora). Siglo XII.

    Interior de la cabecera de la iglesia del
    monasterio de Moreruela. La Granja de
    Moreruela (Zamora). Siglo XII.

    Iglesia de San Martín. Frómista (Palencia).
    Siglo XI.

    Interior de la cabecera poliabsidial (semicircular
    por dentro y poligonal por fuera) de la basílica
    del Salvador. Burriana (Castellón). Siglo XIII.

    Cabecera pentabsidial. Iglesia de Santa María.
    Cambre (La Coruña). Siglo XII.

    Cabecera pentacónquida mixta. Iglesia de Santa
    María. Exmonasterio cisterciense de Valbuena
    de Duero (Valladolid). Siglo XII.

  • abujardado

    o apomazado o aclarado

    Efecto rugoso y homogéneo, de 1 a 3 mm de profundidad, que produce la bujarda sobre la superficie de un sillar al percutir sobre él. Se utiliza en fachadapara ‘aclarar’ el tono general de la piedra, y en suelos para hacerlos antideslizantes.

     

     

    abujardado

    después y antes del abujardado

    abujardado2

    sistema moderno de abujardado

    abujardado3

    muestra de distintos tonos de ‘aclarado’

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    Última actualización: 19 de agosto de 2018