púlpito
Plataforma pequeña y elevada —a dos metros del suelo, aproximadamente— con antepecho (1) y tornavoz (1), que todavía sobrevive en la mayoría de las iglesias construidas antes del último cuarto del siglo XX, y desde donde hasta no hace mucho se predicaba a los fieles o se dirigían sus rezos. Las primeras noticias sobre la existencia de púlpitos se remontan al siglo XIV, pero fue en la época barroca cuando proliferaron y adquirieron carácter canónico en todas las iglesias católicas. Con las reformas del concilio Vaticano II (octubre 1962-diciembre 1965) y la nueva sensibilidad litúrgica que estas reformas propiciaron, al púlpito le salió un competidor, el ambón, que rápidamente fue acaparando las funciones que aquel venía desempeñando. Pero lo que estaba haciendo el ambón no era sino recuperar el protagonismo que había tenido en la liturgia paleocristiana —heredera en esto del bimah judío que se usaba para leer la Torah en las sinagogas— y que el púlpito se encargaría de arrebatarle a partir de la Baja Edad Media, modificando ligeramente su diseño, que ahora aparecía despojado del atril. Pero a pesar de la recuperada presencia activa del ambón durante los últimos sesenta años, el púlpito, aunque sin uso, persiste todavía en los templos que lo tuvieron —la inmensa mayoría—, bien por lo que un día significó —altavoz moralizante de las conciencias y tribuna de habilidosa y elocuente oratoria—, bien porque un elevado porcentaje de púlpitos son verdaderas obras de arte. A este respecto cabe incidir en la diferencia existente entre los púlpitos españoles, de una brillantez y solemnidad siempre contenidas, y los de otros países europeos y americanos, donde el boato y la irrefrenable exuberancia de formas constituyen sus notas características.
El lugar que el púlpito ocupa en las iglesias españolas está asociado al crucero (1) o a un punto cercano al presbiterio. A modo de gran cubilete —redondo o poliangular—, con un radio de alrededor de medio metro, el cuerpo (1) central del púlpito se encastra directamente en un pilar (1) o en el muro de la nave principal, o bien apea (1) sobre una o más columnas que le sirven de base, o sobre algún soporte figurativo (1). Se sube a él por una breve escalera —rara vez oculta en el muro— integrada estilísticamente en el conjunto monumental. Desde el arranque de la escalera hasta la cima (2) del tornavoz que lo corona, el púlpito ha sido siempre objeto de excelentes y artísticos trabajos de obra (3), labra (1), orfebrería y ebanistería. Es frecuente hallar dos púlpitos en la misma iglesia; en esos casos se sitúan habitualmente frente por frente a cada lado del crucero o de la nave principal, y suelen guardar entre ellos el mismo estilo (1) formal o incluso ser gemelos. Cátedra. Paraninfo.

Catedral primada de Sta. María. Púlpitos del Evangelio
(izda.) y de la Epístola (dcha.). Toledo, Siglo XVII.
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